sábado, enero 14, 2006

Me parece interesante y lo pego aquí aunque sea un poco largo:

La falsificación de la historia como

INSTRUMENTO de dominio

Escribe Adrian Salbuchi

Quien controla el pasado controla el presente; quien controla el presente, controla el futuro”

George Orwell – “1984”

”La historia no es simple “pasado”. Es la forma que suelen adoptar las angustias y las luchas del presente. Es por eso que ante una misma historia existen – y deben existir – distintas interpretaciones historiográficas… La tarea del pensador es analizar las conexiones de los procesos históricos y sociales. Debe preservarse de las críticas de los que quieren confrontar “el mal absoluto” en nombre del “bien absoluto”.

Norberto R. Ceresole - “La falsificación de la realidad”

“La única verdad es la realidad”

Juan D. Perón

Para un pueblo, conocer su pasado - su historia - es tan importante como lo es para un individuo conocer quién es, de dónde viene y cuáles son sus raíces. Las personas que sufren de amnesia quedan inermes ante la voluntad ajena y corren el riesgo de que cualquier pillo los embauque haciéndose pasar por su “amigo”, o “hermano”, o “familiar” para así aprovecharse de él.

Lo que les ocurre a estos individuos puede ocurrirle también a los pueblos si olvidan, confunden o desconocen el pasado; con las tecnologías modernas, incluso puede ocurrirle al mundo entero.

Hoy, poderosísimos grupos compactos disponen de los medios para literalmente controlar nuestra visión del pasado - la Historia – y del presente, descarrilando así la Realidad que es reemplazada por una suerte de “realidad virtual”, alineada con sus propios y a menudo inconfesables objetivos e intereses.

LA “INDUSTRIA DEL HOLOCAUSTO”

Bajo este insinuante título el historiador norteamericano Norman Finkelstein, profesor de teoría política en la City University of New York, Hunter College, publicó en el año 2000 un libro muy polémico: “The Holocaust Industry: Reflections on the Exploitation of Jewish Suffering” (1), en el que critica los poderosos motivos financieros y geopolíticos de quienes hoy promueven en forma exagerada el así-llamado “Holocausto” con el fin de, entre otras cosas, extraer gigantescas sumas de dinero para el Estado de Israel a un conjunto de “víctimas pudientes”: bancos suizos, los gobiernos estadounidense y alemán, grandes empresas alemanas y otras víctimas actuales y futuras.

Finkelstein define a Israel como un Estado terrorista, invasor y altamente peligroso no solo para la paz en Medio Oriente sino de todo el mundo, particularmente si se considera su enorme capacidad nuclear gracias a las Armas de Destrucción Masiva atómicas que desde hace décadas le cediera sumisa y obedientemente Estados Unidos de Norte América.

Norman Finkelstein se inserta en la corriente de pensamiento de su amigo y mentor Noam Chomsky, ambos prestigiosos intelectuales judíos anti-sionistas, que se han ganado las iras de la poderosísima maquinaria del sionismo internacional, al calificar a sus principales organizaciones y operadores como "gangsters" y "delincuentes"; al celebrado propagador del Holocausto, Elie Wiesel (2) como su “payaso residente”; y a las exigencias sionistas a Alemania para que les pague gigantescas reparaciones monetarias, como un desfachatado “chantaje”.

Lo interesante del caso es que Finkelstein se inserta dentro de un creciente conjunto de historiadores, periodistas, intelectuales y sectores de opinión a nivel mundial que no aceptan mansamente el Dogma del Holocausto, emanado desde los centros de poder esencialmente privado del Nuevo Orden Mundial ubicados en Nueva York, Londres, París y Jerusalén, entre otras ciudades. Se trata de un amplio sector de personas intelectualmente independientes que consideran que esta auténtica “Industria del Holocausto” como bien la define Finkelstein, es utilizada no solo para el robo de dineros públicos y privados en todo el mundo, sino también para justificar el genocidio que hoy perpetra el Estado de Israel contra el cautivo pueblo palestino y otras futuras agresiones en distintas partes del mundo que ya empiezan a avizorarse.

TERRORISMO INTELECTUAL

En el actual y tan liberal "mundo desarrollado" existe, sin embargo, un auténtico terrorismo intelectual que prohíbe – en algunos países bajo pena de cárcel - que se investigue y se propague cualquier opinión o investigación que siquiera cuestione la veracidad de este Dogma del Holocausto. Así, se ha perseguido e incluso encarcelado a historiadores como el francés Robert Fuarisson, a centros de investigaciones como el Instituto de Revisionismo Histórico de California, al investigador alemán Ernst Zündel y, más recientemente, el prestigioso historiador inglés David Irving quien fuera arrestado en Austria bajo un viejo cargo que data del año 1989 cuando osó dar una conferencia en la que cuestionó la historia oficial de los 6 millones de judíos muertos en los campos de concentración alemanes durante la segunda guerra mundial, aseverando – como mantienen muchos investigadores – que más allá de la persecución de los judíos en la Alemania nacionalsocialista, no existe sustente serio y verificable a esa tremenda cifra de los 6 millones. (3)

Esta cifra casi emblemática y cabalística de 6 millones hoy se acepta como buena, no porque se halle avalada por investigaciones históricas serias y sólidas, sino porque se la ha repetido, dramatizado y taladrado en el imaginario colectivo gracias a los cientos de miles de millones de dólares invertidos a lo largo de sesenta años de propaganda en películas, documentales propagandísticas, libros, novelas, entrevistas, actos, monumentos, recordatorios, “memorias activas”, y muchas otras acciones psicológicas colectivas tendientes a imponer el “Holocausto de los 6 millones” como una realidad, a pesar de carecer tal cifra de un riguroso sustento fáctico.

Uno de los tantos instrumentos de guerra psicológica utilizados en este proceso es la neoyorquina Anti-Difamation League, una de las organizaciones de choque encargada de ejercer presión de todo tipo contra quienes cuestionen el Mito del Holocausto en cualquier parte del mundo. Utilizando una metodología agresiva, copiosamente financiada y con amplia cobertura entre los multimedios monopólicos mundiales, la ADL ejerce una suerte de terrorismo intelectual tendiente a acallar toda crítica hacia el sionismo, sus objetivos mundiales y sus operadores, esgrimiendo – a menudo con tono rayano en la histeria – la acusación de “¡antisemitismo!” contra quienes pretendan promover un estudio serio de estos temas fundamentales, o cuestionen las políticas israelíes, equiparando erróneamente “antisemitismo” con “antisionismo” (4) Señalemos que la ADL opera estrechamente con la muy influyente y exclusiva logia masónica judía B´Nai B´Rith.

SIN PELOS EN LA LENGUA…

Es dentro de este marco que creemos conveniente interpretar las agudas declaraciones del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, realizadas hace pocos días en La Meca, Arabia Saudita, cuando expresó dudas sobre la veracidad de la historia oficial en torno al Holocausto judío y sugirió que Israel debiera ser trasladada a Europa.

Ello, naturalmente, generó el inmediato rechazo de las muy poderosas organizaciones sionistas mundiales y de los gobiernos y multimedios bajo su control, notablemente los de Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Austria y, desde luego, de la propia Israel.

Sin embargo, y a pesar de la mala prensa que hoy tiene Irán y su gobierno entre los medios “occidentales”, la lógica de Ahmadinejad es históricamente impecable. Entre otras cosas, manifestó el jefe de Estado iraní que "algunos países insisten en decir que Hitler mató a millones de inocentes judíos en una caldera y ellos insisten a tal punto en esto que si cualquiera dice algo contrario a lo que ellos condenan, es enviado a prisión" (por ejemplo, el historiador David Irving hoy encarcelado en Austria). "Aunque no aceptamos esta afirmación (la del “Holocausto”), si suponemos que es verdad nuestra pregunta para los europeos es: "¿Es la supuesta matanza de personas judías inocentes llevada a cabo por Hitler la razón para que respalden a los ocupantes de Jerusalén?" "Ahora que admiten que los judíos fueron oprimidos, ¿por qué deben pagar el precio los musulmanes palestinos? Dado que ustedes (por los europeos) fueron los que los persiguieron, ofrézcanles ustedes un pedazo de tierra al régimen sionista para que pueda establecer allí el gobierno que más desea. Nosotros lo apoyaremos", indico Ahmadinejad. "Que Alemania y Austria den dos o tres de sus provincias al régimen sionista y el problema estará resuelto desde sus raíces" (5)

Innegablemente, Ahmadinejad está poniendo el dedo en la llaga, lo que pudo verificarse en la seguidilla de reacciones casi histéricas de las “democracias occidentales”, comenzando por las de la flamante canciller germana Angela Merkel, quien consideró "totalmente inaceptables" esas declaraciones iraníes recordando que "con nuestra responsabilidad histórica en mente, solo puedo decir que las rechazamos en los términos más duros".

Ahora, bien, nosotros preguntamos: ¿Por qué ese “rechazo” germano? Si la actual Alemania está tan convencida de la veracidad del Holocausto de los 6 millones, y si su gobierno rechaza lo que muchísimas personas dentro y fuera de aquella otrora gran Nación hoy creemos en el sentido de que se trata de una tergiversación histórica, entonces que Alemania y Austria (oficialmente, los perpetradores del “Holocausto”) le cedan en compensación a los sionistas alguno de sus bellos Länder como Silesia, o Westfalia, o Brandenburgo, o, incluso – ¿porqué no? la histórica Baviera...

Haberles tirado este fardo a los palestinos, robándoles su Nación podrá ser muy cómodo para los aburguesados y decadentes alemanes y austriacos de hoy, pero el costo para los palestinos ha sido uno de genocidio, sangre, tortura, vejaciones, miseria y humillación. ¿Porqué deben los palestinos pagar las culpas de alemanes y austriacos? Máxime cuando la intrusión de Israel en el mundo musulmán ha sido causa de casi sesenta años de guerras, invasiones, y crímenes contra prácticamente todos los pueblos islámicos por parte de las fuerzas militares de Israel, Estados Unidos y Gran Bretaña.

Ursula Plassnik, ministra de relaciones exteriores de Austria por su parte dijo que "no se pueden plantear dudas sobre el derecho a la existencia de Israel", no solo aludiendo a estas declaraciones de Ahmadinejad sino también a las que hiciera el líder iraní hace poco tiempo invitando a "borrar a Israel del mapa". A su vez, Raanan Gissin, vocero del primer ministro israelí Ariel Sharon manifestó su preocupación ante “el consenso que existe en muchos círculos del mundo árabe de que los judíos no tienen derecho de establecer un Estado judío democrático en su patria ancestral”.

Por nuestra parte, agregaríamos que no solo en el mundo árabe se cuestiona ese derecho a usurpar tierras ajenas, sino que en nuestro continente y en nuestra Argentina, somos muchísimas las personas que sostenemos precisamente ese punto de vista. El Sr Gissin incluso le recordó al presidente Ahmadinejad que "los judíos hemos estado aquí mucho antes que sus ancestros", dando a renglón seguido "gracias a Dios que tenemos la capacidad de disuadir y prevenir que semejante declaraciones se transformen en realidad".

Resulta muy interesante la posición israelí. Señalemos que si todos los pueblos y etnias del mundo se dedicaran a reclamar las tierras que según sus Libros Sagrados y tradiciones culturales, religiosas y étnico-raciales les corresponden porque “sus ancestros llegaron antes”, ello indudablemente generaría enormes cambios en el mapa mundi político. Sin ir más lejos, los norteamericanos deberían retirarse de la totalidad del territorio que hoy ocupa su poderosa nación para devolvérselo a las naciones Sioux, Chinook, Tonkawa, Wichita, Ute, Apache, Delaware, Algonquin, Iowa, Cheyenne, Mojave, Mohawk, Chocktaw, Iroquí, Miami, Omaha y muchas otras tribus originarias cuyas tierras les fueron robadas por el gobierno de EE.UU. a lo largo de casi cuatro siglos de invasiones y genocidios. Pues, no caben dudas que estas tribus “llegaron ahí mucho antes” que los conquistadores ingleses, holandeses, españoles, portugueses, alemanes e, incluso, inmigrantes judíos que se establecieron en esas tierras para terminar fundando el voraz imperio hoy conocido como Estados Unidos de Norte América.

Similarmente, en estas latitudes sudamericanas, nosotros los argentinos – al menos quienes somos de descendencia europea italiana, española, sajona, y también quienes sean miembros de la comunidad judía – debiéramos todos ir preparando nuestras maletas para retirarnos de estas tierras usurpadas hace apenas un par de siglos a las tribus Ranquel, Pampa, Mapuches, Comechingones, Guaraní, Tobas, Selcnam, Aimara, Ranquel, Quilmes, Guayaquí, entre tantas otras.

Y con respecto a la “posibilidad de disuadir y prevenir" a la que alude el vocero del premier Ariel Sharon, no nos caben dudas de que tienen esa capacidad por cuanto las fuerzas del sionismo israelita hoy han logrado secuestrar al propio gobierno de los Estados Unidos de Norte América para que opere como instrumento dócil y subordinado a sus propios intereses geopolíticos mundiales, de claro corte mesiánico y racista. Este insólito y complejo proceso mediante el cuál se secuestró el Estado norteamericano tiene nombre y apellido concreto: el así-llamado “Project for a New American Century” (www.newamericancentury.org), sobre el cuál brindamos detalles en el Cap. V. del ensayo "Bienvenidos a la Jungla…:” (pags. 105 a 113.)

Y A NOSOTROS, ¿QUÉ NOS IMPORTA TODO ESTO?

Cada vez que nuestra prensa pueril informa sobre estos temas, siempre lo
hace fuera de contexto, usualmente en forma incompleta, y siempre de manera distorsionada, consecuencia de su obligado alineamiento con la visión global impuesta por los dueños del Nuevo Orden Mundial. En síntesis, alineados sumisamente a los intereses del sionismo internacional.

Así, leemos en el matutino “Clarín” de Buenos Aires del 10-Dic-05, que las declaraciones del presidente iraní "expresan un sentimiento antisemita, intolerante, beligerante y antidemocrático", dijeron en Argentina, en un comunicado conjunto, la AMIA, la DAIA y la Organización Sionista Argentina, que reclamaron al presidente Néstor Kirchner que se sume a la condena al presidente iraní por sus dichos”. Seguramente, Kirchner prontamente obedecerá, mientras que el mismo artículo periodístico vuelve a azuzar el “peligro nuclear” representado por Irán (soslayando que el verdadero peligro nuclear actual para la paz mundial son Estados Unidos, Israel y el Reino Unido (6), e incluso lanza una no muy velada amenaza sobre un futuro ataque israelí contra Irán al recordar que “Israel quiere que haya una actitud más firme de la comunidad internacional sobre el programa atómico que desarrolla Teherán. Ya en 1981, la Fuerza Aérea israelí bombardeó el reactor atómico iraquí Osirak, a 17 kilómetros al sur de Bagdad.” No recordamos que por entonces las Naciones Unidas sancionaran a Israel por semejante agresión flagrante contra la soberanía iraquí, por más que hoy el siempre genuflexo secretario general de la ONU Koffi Annan se manifieste “horrorizado” por las declaraciones de Ahmadinejad cuestionando el Mito del Holocausto.

Conviene recordar que las presiones sionistas sobre la República Argentina vienen de larga data. Desde que su propio fundador Theodor Herzl propusiera en 1896 - hace ya más de un siglo - fundar el Estado israelita en territorio argentino “a cambio de una compensación financiera”. (Preguntamos: ¿cobrará esto forma a través de algún venidero “canje de deuda por territorio”?).

Hoy, esas presiones han derivado en un tremendo deterioro diplomático entre la Argentina e Irán, que no solo le ha costado a nuestro país la pérdida de miles de millones de dólares en exportaciones a Irán a lo largo de la última década, sino que – muchísimo peor - nos arrastra peligrosamente a involucrarnos directamente en la guerra que Estados Unidos, Israel y Gran Bretaña hoy preparan contra Irán, al tiempo que nos comportamos de manera despreciable al agredir e insultar gratuitamente al noble y milenario pueblo iraní.

Las consecuencias potencialmente catastróficas para nuestro país de haber permitido semejantes maniobras por parte de servicios de inteligencia de ciertos Estados foráneos, apenas pueden enfatizarse. Los graves peligros que hoy corre la Argentina al estar en manos de un gobierno integrado por personajes ignorantes en materia internacional como el presidente Néstor Kirchner - quien hasta hace pocos días confió nada más y nada menos que nuestra Cancillería a un personaje inepto, claramente incapaz e impotente para tomar decisiones como Rafael Bielsa - nos exime de todo otro comentario.

¿QUIÉNES SON; DÓNDE ESTÁN NUESTROS ENEMIGOS?

La propia existencia de un Estado Nacional soberano implica un relacionamiento con todos los demás Estados nacionales soberanos y con otros operadores en el escenario mundial. Lo queramos o no; nos guste o no.

Para abordar este hoy tan complejo y peligroso entorno externo sobre el cual la Argentina tiene poco o ningún control ni poder, debemos comenzar por comprenderlo, identificando cuáles son las amenazas y oportunidades que nos presenta, para luego diseñar las políticas y planes de acción correspondientes que promuevan nuestro objetivos y consoliden nuestros intereses. Una Nación seria dispone de instrumentos concretos para estas tareas, que incluyen al Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Defensa y – se supone – un presidente mínimamente lúcido, idóneo y equilibrado.

La auténtica Política – mal que le pese a nuestra dirigencia de politiqueros de alcantarilla - es la Política Exterior, que es el plano dónde una Nación se mide con otros Estados, a menudo vastamente más poderosos. Un axioma fundamental de la Política Exterior requiere identificar a los Estados y operadores amigos, diferenciándolos de aquellos que se presentan como enemigos o al menos adversariales, para luego poder buscar alianzas con los primeros, y tomar acciones preventivas y de defensa respecto de los segundos.

Los Estados y operadores identificados como “enemigos” no lo son porque sean “malos”, sino porque tienen otros intereses y otros objetivos no coincidentes con los nuestros, que al promoverlos pueden potencialmente entrar en conflicto indirecto o directo con nuestro país.

Ahora bien: cuando esos Estados y operadores externos identificados como enemigos o adversariales resultan vastamente más poderosos que nosotros y, encima, claramente agresivos, entonces tenemos un problema. Y cuando se presenta este tipo de problema, hay que hacer algo con el mismo, puesto que si se lo deja solo, decididamente no desaparecerá. Todo lo contrario: aumentará su peligrosidad, presión y amenaza. En nuestro caso, lo hará hasta que el Estado Nacional argentino ya no pueda hacer nada ante su creciente presión, fuera de ceder ante intereses y objetivos foráneos, claramente en detrimento de los objetivos e intereses de nuestro Pueblo (si no, no los hubiéramos identificado como enemigos, ¿verdad?).

Para administrar este complejo panorama, una Nación dispone de una Cancillería, de Fuerzas Armadas, de un Ministerio de Economía; en síntesis: para eso una Nación tiene un Estado Nacional cuyas estructuras se confían a un conjunto de ciudadanos que se integran en lo que denominamos “el Gobierno” que administra – para bien o para mal - los destinos del país. De más está enfatizar que colocar a un Gobierno de ineptos en las estructuras de Poder del Estado, termina resultando fatal para la Nación.

Por eso, hoy la Argentina debe abordar esta compleja problemática internacional desde un ángulo diferente alineado en base a:

(a) un enfoque equilibrado de la historia contemporánea (para comprender los orígenes del problema);

(b) un enfoque equilibrado respecto de las titánicas fuerzas que hoy conforman y deforman la política mundial (para comprender las amenazas que enfrentamos) y, por sobre todo,

(c) un enfoque alineado con el Interés Nacional Argentino, o sea, el Bien Común de la mayoría de sus 39 millones de habitantes y no tan solo los intereses de alguna de sus minorías sociales, económicas o étnicas (para preservar la Nación).

Primeramente, resulta, como mínimo, sospechoso verificar la manera en que nuestros multimedios “formadores de opinión” se alinean sistemáticamente con la visión e intereses sustentados por la “historiografía oficial” promovida desde las más poderosas y violentas naciones del mundo. Naciones que desde hace siglos son enemigas – o al menos adversarias – reales y concretas de la Republica Argentina: me refiero al Reino Unido y a los Estados Unidos de Norteamérica, que a lo largo de varios siglos nos han agredido y siguen agrediendo en los frentes económico, financiero, político, moral y militar casi sin interrupción, sea directamente o a través de sus agentes y operadores dentro del país en los sectores público y privado.

Así por ejemplo, y en relación a la compleja problemática en torno a la Segunda Guerra Mundial – contienda que definió quiénes serían los dueños del planeta en las décadas subsiguientes – y su desenlace, hemos adoptado la irracional posición de asumir como "nuestro enemigo" a una satanizada Alemania derrotada en aquella terrible y complejísima contienda bélica de hace más de sesenta años. Sin embargo, tanto Alemania y Austria como su principal aliado Japón, jamás agredieron a la Argentina ni a nuestro continente, ni nos atacaron ni vulneraron nuestros intereses, como sí lo hicieron y siguen haciendo sistemáticamente la rapiña estadounidense y británica.

Tampoco olvidemos que la Unión Soviética (aliada de Estados Unidos e Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial), en los años sesenta y setenta lanzó contra nosotros sus huestes guerrilleras iniciando una catastrófica guerra civil en nuestro país. Así caímos bajo un sincronizado efecto de “pinzas”, mediante el cual nuestro pueblo era agredido, por un lado, por la URSS a través de la guerrilla apátrida y sus “jóvenes idealistas”, mientras que por el otro, sufrimos la represión, entrega y traición de una cúpula cívico-militar usurpadora del Estado que se alineó estúpidamente con la geopolítica de Estados Unidos.

Así, llegamos a la irracionalidad de considerar como nuestros “amigos” a Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel que decididamente no lo son; al tiempo que creemos que son nuestros “enemigos” aquellas fuerzas opositoras a la alianza anglo-estadounidense-israelí: desde Alemania y Japón como actores históricos en la mayor contienda bélica del siglo XX, hasta Irán y las organizaciones de liberación islámicas en Palestina, Irak y Afganistán. Esta Argentina cultural e intelectualmente colonizada pareciera disfrutar del veneno que a diario le hacen beber a borbotones.

NADA QUE VER CON NOSOTROS…

El Estado de Israel es un país foráneo aliado a Estados Unidos y Gran Bretaña. Si pensáramos con nuestro propio cerebro y no con el de nuestros enemigos y adversarios tanto fuera como dentro del país, entonces mantendríamos aunque más no sea una actitud decorosamente neutra y objetiva ante la catástrofe desatada en Medio Oriente desde hace más de medio siglo. Como muestra de un mínimo de autoestima intelectual, no aceptaríamos sin más la historia oficial mundial interesadamente propagada e impuesta por Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel, en momentos en que casi ni se conoce cuál fue esa misma historia vista desde el punto de vista de los grandes derrotados de aquella Guerra Mundial; y no me refiero a los gobiernos títeres que hoy ocupan el poder en Alemania y Austria “por la gracia de un Dios tribal” que atiende en Nueva York, Londres y Jerusalén, entre otras cosmopolitas metrópolis.

Desde 1945, la Opinión Pública planetaria ha sido informada sobre terribles matanzas, campos de concentración y persecuciones perpetradas por la Alemania nacionalsocialista. Sin embargo, aquello viene ocurriendo en un marco sin precedentes y único en la historia de la humanidad en el que un Estado (el Tercer Reich alemán) sucumbió militarmente en forma total quedando inerme ante sus irreconciliables enemigos (Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Soviética y Francia), que así lograron robarle su territorio, condenar a sus dirigentes (la travestía jurídica de los Juicios de Nuremberg son un símbolo de ello), robarle cientos de miles de patentes, inventos, procesos industriales y derechos intelectuales de toda índole, y – muy importante – quitarle la totalidad de su documentación de Estado, especialmente aquella calificada como secreta; todo como gran botín de guerra.

Esa documentación fue retirada y llevada a Nueva York, Londres, París y Moscú desde donde con los años se fue escribiendo una "historia oficial" según la conveniencia, intereses y objetivos mundiales de aquellas potencias victoriosas. Entre esos futuros objetivos y planes se encontraba la creación, el financiamiento y la poderosa militarización ad eternum del Estado de Israel.

A modo de ejercicio mental, preguntamos: ¿Cual sería la imagen que tendría el mundo hoy si la totalidad de los documentos secretos de, por ejemplo, Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel cayeran íntegramente en manos de sus adversarios para que éstos los seleccionaran y armaran su propia “historia oficial”, con el fin de satanizarlos y promover su propio conjunto de objetivos? ¿Se imagina el lector las cosas que descubriríamos si pudiéramos, por ejemplo, investigar a fondo los capítulos más oscuros, sanguinarios, perversos, patológicos y destructivos escondidos en los archivos secretos de la CIA, del Pentágono, y de la Nacional Security Agency estadounidenses? O del MI6 y el Foreign Office británico? O del Mossad, Shin Beth y Fuerzas de Defensa Israelí?

Hoy, Estados Unidos ni siquiera logra quedar bien parada ante la opinión pública a pesar de ser la nación más poderosa del planeta y disponer de gigantescos instrumentos de control de la información y loe multimedios. Imaginémonos cómo quedarían ante la opinión pública si se los pudiera desnudar a estadounidenses, británicos e israelíes íntegramente como ellos hicieron con Alemania a partir de 1945… ¿Cuántos “Tribunales de Nuremberg” tendríamos que montar para juzgar y condenar a los Kissinger, Truman, Eisenhower, Roosevelt, Bush, Johnson, McNamara, Bundy, Kennan, Deutch, Baruch, Mongenthau, Cheney, Perle, Wolfowitz, Feith, Rockefeller, Harriman, Clinton, Albright, Carlucci, Reagan, Hoover, Westmoreland, Rusk, Schwartzkopf, Powell, Braden, Rhodes, Kagan, Podhoretz, Brzezinski, Abrams, Negroponte, Bolton, Dulles, Rice, Rumsfeld, Baker, Casey, Berger, Armitage, Lehman, Kaplan, Helms, Solardz, Sokolski, Thatcher, Churchill, D’Amato, Nixon, Ford, Carter, Eden, Carrington, Nott, Harris, Shamir, Meir, Sharon, Netanyahu, Barak, Peres, Gore, Beghin, Gurion, y tantos, tantos, más. El mundo jamás habría visto tantos encumbrados juzgados por crímenes de lesa humanidad, genocidio y de crímenes contra la paz.

Por eso, el alineamiento vergonzoso y sistemático de todos los gobiernos argentinos desde hace al menos treinta años a favor de los objetivos, intereses y planes de los dueños del Nuevo Orden Mundial conducido por Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel debe terminar. Este vulgar proceso de decadencia se vio agudizado a partir de la traición menemista de los años noventa en todos los planos de la vida nacional y de sus relaciones internacionales, signadas desde entonces por las “relaciones carnales” con el imperio anglo-norteamericano-israelí (hoy intactas bajo el gobierno Kirchner que mantiene los ejes principales de esa sumisión, a pesar de haber cambiado el “estilo”).

En el caso específico de las declaraciones del presidente iraní, recordemos que la Argentina acusó a Irán por los atentados de la AMIA y, tangencialmente, de la Embajada Israelí, solo aportando pistas falsas, “pruebas” obviamente plantadas por fuerzas israelíes y norteamericanos que se hicieron cargo de investigar ambos “Ground Zero” en marzo 1992 y julio 1994. Así, se trabajó durante más de una década en inventar una obviamente inexistente “pista iraní” con el bochornoso espectáculo que incluyó a un juez federal cometeando a un preso para que diera falso testimonio (el destituido juez Galeano) y, hace pocas semanas, a un histérico fiscal de Estado (Nissman) mostrando una foto de un supuesto “terrorista asesino” que se auto-inmoló en el atentado a la AMIA, tesis que rápidamente quedó descartada debido a su burda falsedad. Todo, por supuesto, con altísima cobertura mediática de los diarios, radios y televisión local.

Sin embargo, hoy se sigue trabajando intensamente para “encontrar” las “pruebas” que den sustento a la “pista iraní” que necesitan Bush y Sharon para armar un nuevo casus belli, esta vez contra Irán, mientras que lo que realmente hace falta es profundizar en la mucho más verosimil “pista israelí” (remitimos al lector al Cap. VI de nuestro citado ensayo “Bienvenidos a la Jungla…”).

LA CÁBALA DE LAS CIFRAS

Para comprender cómo opera el mecanismo mistificador en torno a los 6 millones, señalemos que en un entorno mucho más pequeño y reciente en nuestro país, hemos visto un proceso parecido al propagarse el mito de los “30.000 desaparecidos”, cifra que no solo no tiene ningún sustento, sino que la propia CONADEP – Comisión Nacional de la Desaparición de Personas creada por el gobierno Alfonsín en 1984 - en su conocido informe “Nunca Más”, describe la existencia de unos 8.700 “casos” denunciados de personas desaparecidas, al tiempo que reunió pruebas concretas que permitieron juzgar a los militares responsables en solo un par de centenares de casos.

Aún entre esta cantidad mucho menor de “desaparecidos” descriptos por la CONADEP, hallamos casos notables de “desaparecidos” que terminaron apareciendo en el exterior; incluso alguno ha llegado a integrar el actual gobierno del presidente Kirchner, como el caso notable de la Dra. Carmen Argibay quien figura en el listado del informe “Nunca Más”, y que recientemente fuera nombrada jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación por Kirchner.

Lo importante es señalar que, también aquí, el mito fue echado a rodar dinamizado por los medios de difusión que lo repiten una y otra y otra vez, taladrándolo en el cerebro de la ciudadanía, hasta que se lo terminó integrando de preppo al imaginario colectivo argentino.

Señalamos esto para enfatizar la importancia que tiene no permitir que se falsifique la realidad - según la frase de Norberto Ceresole citada al inicio de este artículo -, lo que decididamente NO implica en lo más mínimo justificar la barbarie, estupidez y entrega del gobierno cívico-militar que usurpó el poder en nuestro país entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983.

Los despreciables victimarios deben pagar por sus crímenes. Sin embargo, una cosa es castigar a los individuos responsables – especialmente por tratarse de militares de alta gradación - y otra muy diferente es defenestrar a la institución de las fuerzas armadas y de seguridad, esenciales para la defensa y seguridad del Estado Argentino. Así, un conjunto de personajes internos y externos se ha aprovechado del terrible dolor de aquellos años para promover otros intereses menos confesables que apuntan a lograr la paulatina disolución y destrucción de la República Argentina.

Moralmente, un solo ser humano injustamente perseguido o muerto merece Justicia, haya sido perseguido por militares argentinos, alemanes, estadounidenses, iraquíes, soviéticos, o israelíes, o por fanáticos chinos, sionistas, franceses o ingleses. Pero la Justicia debe ser pareja y para todos y no sólo para algunos. Y si hemos de condenar a militares argentinos y jerarcas alemanes, también debemos condenar a torturadores israelíes e ingleses y a invasores norteamericanos.

Por eso, pongamos las cosas en su justa proporción: ¿6 millones del Holocausto? ¿30.000 Desaparecidos? La exageración no solo no acerca la Justicia y la Verdad, sino que, todo lo contrario, las aleja e insulta la memoria de quienes fueron realmente víctimas en todas estas complejas contiendas y guerras.

Primero, entonces, generemos un ámbito objetivo y equilibrado que permita conocer los datos reales en torno a estos dolorosos hechos y procesos, y luego podremos determinar las cantidades de víctimas que sucumbieron. Hoy parece que se hace al revés: primero se tiran las cifras que permiten armar el Mito más conveniente para determinados objetivos encubiertos y luego se ejerce presión para obligar a todos a creer en ellas, con lo que se cobra una víctima más: la Verdad.

Lo hemos dicho reiteradamente: si los Argentinos hemos de superar los males que nos aquejan, lo primero a hacer consiste en “entender y saber de qué se trata”, lo que por sobre todas las cosas presupone pensar con el cerebro propio y no con el cerebro ajeno.

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Adrian Salbuchi, investigador, ensayista y conferencista; conductor del “El Traductor Radial” y fundador del Movimiento por la Segunda República Argentina – www.eltraductorradial.com.ar

1 También publicado en la Argentina bajo el título "La Industria del Holocausto: Reflexiones
sobre la Explotación del Sufrimiento Judío" (Siglo XXI de Argentina Editores, Buenos Aires, 2002), extrañamente, hoy casi inhallable en nuestras librerías.

2 Premio Nobel de la Paz de 1986, miembro del poderoso Council on Foreign Relations, Inc., de Nueva York, y Gran Pope del Mito del Holocausto a nivel universal. En 1980, Wiesel fue nombrado presidente del Consejo Estadounidense del Monumento al Holocausto por el entonces presidente Jimmy Carter (a su vez, también miembro del Council on Foreign Relations y de la Trilateral Commission de David Rockefeller, Zbigniew Brzezinski, Henry Kissinger y Maurice Greenberg, entre muchos otros poderosos). www.eliewieselfoundation.org

3 Recordamos al lector que en 1935, Alemania sancionó legislación que severamente coartó las libertades individuales de los judíos en aquél país, prohibiéndoseles ocupar cargos públicos y ejercer diversas profesiones, aunque se les permitió ejercer sus actividades comerciales. Resulta notable señalar que aquella legislación – las conocidas “Leyes de Nuremberg” de Septiembre 1935 – se basaron, entre otros antecedentes, sobre la legislación y las constituciones estatales racistas de los Estados norteamericanos de Louisiana, Alabama, Mississippi, Georgia, Carolina del Sur y Arkansas, y también en las leyes del Apartheid que regían en la británica Sud Africa, que desde hacía décadas dejaron sin derechos civiles a los pobladores negros, reduciéndolos a un estado de cuasi-esclavitud que habría de perdurar décadas después de que la Alemania nacionalsocialista fuera derrotada por los democráticos norteamericanos e ingleses. Las vueltas de la historia…

4 Para un análisis más profundo, ver del autor “Bienvenidos a la Jungla: Dominio y Supervivencia en el Nuevo Orden Mundial” (Ediciones Anábasis, Córdoba, 2005, 252 pags), particularmente su Cap. VI sobre el tema del “Sionismo”

5 Citado por “La Nación” de Buenos Aires, 09-Dic-05, artículo “Irán desata otra polémica mundial: propone mudar Israel a Europa”. También “El País” de Madrid de misma fecha, artículo “El presidente de Irán propone que Alemania y Austria acojan a Israel”

6 En el caso específico de nuestro país, reciente información proveniente del entorno del ex-presidente de Francia, Francois Mitterrand, jefe de Estado francés durante la Guerra de Malvinas, da cuenta de que la primer ministra Margaret Thatcher consideró la opción de lanzar una bomba atómica sobre la ciudad argentina de Córdoba (segunda ciudad más importante de nuestro país), si la suerte de sus armas le fuera adversa en la contienda anglo-argentina que en esos momentos del año 1982 se desarrollaba en las frías aguas del Atlántico Sur en torno a nuestras Islas Malvinas. Claramente, no son las potenciales armas nucleares iraníes las que deben preocupar a los argentinos, sino las reales armas nucleares británicas.

domingo, octubre 09, 2005

FIGURAS NOTABLES DEL SIGLO XX

NIKOLA TESLA

Apuntes Biográficos

Nikola Tesla nació a las doce de la noche del 9 de julio de 1856 en la provincia de Lika, una región montañosa de la Península Balcánica perteneciente al Imperio Austro-Húngaro, en lo que hoy es Croacia. Su padres eran de origen serbio. El padre, Milutin Tesla, era un Pastor de la Iglesia Ortodoxa, severo pero cariñoso, quien además era un dotado escritor y poeta.

La madre, Djuka, que era analfabeta, poseía una sorprendente memoria que le permitía recitar al pie de la letra volúmenes completos de poesía clásica europea y largos pasajes de la Biblia. También tenía gran talento para crear herramientas y aparatos que la ayudaran con las responsabilidades de la casa y la granja familiar, como un batidor de huevos mecánico. Tesla decía que todos sus instintos inventivos los había heredado de su madre.

A la edad de cinco años, Niko construyó un pequeño molino de viento muy particular, ya que era liso, sin palas, y giraba con suavidad en la corriente. También inventó un motor propulsado por insectos.

Desde muy temprana edad, se sumergía en la biblioteca de su padre. Como éste le escondiera las velas para que no leyera de noche, el niño hizo unos moldes de latón y fabricó sus propias velones. Nada podía detener su pasión por la lectura. Tenía una memoria prodigiosa; todo cuanto leía quedaba grabado y ordenado en su mente. Le apasionaban la ciencia y la técnica, pero en Smiljan, la aldea rural donde vivía, la disponibilidad de libros se agotó rápidamente. Los suplió con su portentosa imaginación.

Nikola Tesla empezó su educación en casa y posteriormente asistió a una escuela en Carldstadt, Croacia, siendo un excelente estudiante, con gran facilidad para los idiomas y las matemáticas. Como era capaz de realizar cálculo integral mentalmente, sus maestros lo sometían a diversas pruebas para comprobar que no hacía trampa en los exámenes. Sus biógrafos coinciden en describirlo como un adolescente solitario que vagaba por los montes con sus pensamientos.

Un día el joven Niko vio un grabado de las cataratas del Niágara. En su imaginación, ahí apareció una gran rueda que giraba con el impulso de las aguas de la poderosa cascada. Le comentó a un tío que un día iría a América para capturar la energía de esa manera. Algunos años más tarde, hizo exactamente eso.

Era un adolescente solitario que vagaba por los montes envuelto en el ensueño de máquinas y de fórmulas. En los años iniciales de su vida, su salud fue bastante mala y sus padres pensaron en hacerle seguir la carrera eclesiástica, pues en el seminario sería bien atendido. Nikola tenía otra idea.

Era tremendamente persuasivo y cuando contrajo cólera a los diecisiete años, logró obtener una importante concesión de su padre: las promesa de que si sobrevivía, le permitiría estudiar ingeniería. El sueño de Tesla se convirtió en realidad.

Niko abandonó su Croacia natal y marchó a Austria, en cuya Escuela Politécnica de Graz pudo observar uno de los prodigios de la nueva era: un flamante motor de corriente continua. Quedó deslumbrado, aunque no dejó de notar que sus escobillas producían un gran chisporroteo. Sugirió a su profesor eliminar las escobillas y utilizar la corriente alterna. El docto profesor le contestó que eso era imposible; jamás podría funcionar un motor con corriente alterna. Tesla no quedó convencido.

El joven se instaló en Praga, donde prosiguió sus estudios, que debió interrumpir porque implicaban un gasto que su familia no podía afrontar. Se trasladó a Budapest, donde se empleó en una subsidiaria de la compañía telefónica de Edison. Nunca dejó de estudiar la posibilidad de un motor accionado por corriente alterna

Un buen día, hallándose en un parque, tomó una ramita y comenzó a dibujar en la arena. A medida que avanzaba en el dibujo, se enfervorizaba de tal manera que corría de uno a otro extremo del diagrama, emitiendo extraños sonidos y enunciando herméticas fórmulas. Ni advirtió siquiera que se había reunido en torno suyo una multitud asombrada y divertida por sus movimientos y exclamaciones. Al fin, jadeante y sudoroso, contempló su invención: el motor polifásico de corriente alterna.

Corrió a su modesto taller y se dio a la tarea de fabricar una unidad experimental, que funcionó tal como lo había imaginado. Pero no obtuvo apoyo económico para su producción en ningún país europeo, por lo que pidió a Charles Batchelor, uno de los asociados de Thomas Alba Edison en Europa, que le escribiera una carta de presentación para el inventor y se puso en camino hacia los Estados Unidos.

Mal inició su viaje a los Estados Unidos el joven Nikola Tesla, pues le robaron la cartera y con ella el boleto del tren que debía conducirle al puerto y el del buque que debía conducirle a Nueva York. Pero era terco y convenció al inspector ferroviario y al capitán de la nave para que lo dejaran viajar sin pagar pasaje.

Desembarcó en Nueva York con cuatro centavos de dólar en el bolsillo y corrió a entrevistarse con su héroe. Éste leyó la carta de recomendación, que decía: "Mi estimado Edison: Conozco dos grandes hombres y usted es uno de ellos. El otro es este joven."

Edison le escuchó describir el trabajo de ingeniería que había realizado y sus planes para un motor de corriente alterna. Le dijo claramente que ésta era extremadamente peligrosa, que jamás podría ser utilizada para iluminar ciudades o para hacer funcionar motores. Sin embargo, había algo diferente en Tesla que llevó a Edison a contratarlo para mejorar los dínamos y motores en sus plantas de generación de corriente continua, prometiéndole 50,000 dólares si lo lograba, quizá pensando que era imposible.

Esa cifra motivó poderosamente al pobre inmigrante, quien se puso a trabajar con entusiasmo, durmiendo tan sólo dos o tres horas diarias. Varios meses después, Tesla anunció que había terminado su trabajo, lo que sorprendió a Edison, quien le explicó que la oferta de los 50,000 dólares había sido hecha en broma. Le dijo a Tesla que debía aprender a apreciar "un chiste americano", lo que enfureció al joven, quien de inmediato renunció.

Pronto se corrió la voz de que un extranjero con un talento inusual estaba cavando zanjas para sobrevivir. Algunos inversionistas creyeron en Tesla y lo apoyaron en el desarrollo de todos los componentes del sistema de generación y transmisión de energía eléctrica con corriente alterna, que es usado universalmente hasta nuestros días.

Tesla ignoraba que Edison había pedido al Congreso que sancionara una ley que prohibiera el uso de la corriente alterna, por su elevadísimo voltaje. Además, la corriente alterna tenía mala prensa, porque era utilizada para la nueva silla eléctrica.

Tesla no era alguien que se descorazonara fácilmente. Ofreció una demostración teatral de la inocuidad de su sistema: se hizo pasar corriente alterna por el cuerpo, para encender focos. Ganó la partida. Cuando se inauguró la Exposición Universal de Chicago en 1893, se encendieron 50,000 lámparas eléctricas utilizando el sistema inventado por él. Nikola Tesla llegaba al triunfo, la celebridad y la riqueza a los 37 años de edad.

La corriente alterna ofrecía indiscutibles ventajas, ya que enormes cantidades de corriente podían ser transportadas a grandes distancias por medio de delgados cables, mientras que la corriente directa no, ya que ésta necesitaba de plantas eléctricas por cada milla cuadrada para lograr esto.

Tres años más tarde, iluminó la ciudad de Búffalo con corriente alterna. Los generadores estaban instalados en las cataratas del Niágara y la energía era transmitida a una distancia de 35 kilómetros, sin riesgo alguno para los seres humanos o los animales.

Uno de los miembros de la Comisión que escogió la corriente alterna de Tesla sobre la corriente continua de Edison fue el famoso físico británico Lord Kelvin, que había sido convencido al ver los resultados de la Exposición Universal de Chicago. A partir de entonces, fue adoptada la corriente alterna en todo el país y Edison tuvo que cambiar sus sistemas.

Sus cuatro centavos originales pudieron haberse multiplicado fantásticamente, pero el inventor fue un pésimo negociante. Le faltó el genio comercial de Edison o de George Westinghouse, quien se hizo inmensamente rico con las patentes de dínamos, generadores, transformadores y motores que adquirió a Tesla.

Debido a la llamada "Guerra de las Corrientes", la Compañía Eléctrica Westinghouse pasó por serias dificultades económicas, por lo que pidió al inventor que modificara el contrato, que le daba generosas regalías. En un magnánimo gesto, Tesla rompió el contrato, ya que estaba agradecido con el hombre que había creído en su invento y tenía la seguridad de que vendrían mayores invenciones. Así, salvó a la empresa y se quedó con la gloria.

A principios del siglo pasado, Nikola Tesla era conocido y respetado en los círculos académicos de todo el mundo, era consultado en todo lo relacionado con la electricidad y fue adoptado por la alta sociedad de Nueva York. Contaba entre sus amigos a importantes artistas como el escritor Mark Twain y el pianista Ignace Paderewski. Recibió en esa época docenas de grados honorarios y reconocimientos.

Le gustaba dar elegantes cenas en el Hotel Waldorf Astoria, supervisando personalmente la cocina y luego invitar a sus comensales a visitar su laboratorio, donde les preparaba teatrales demostraciones de sus experimentos.

Se dedicó a explorar la electricidad de alta frecuencia, inspirado por los descubrimientos del inglés Maxwell y del alemán Hertz. Inventó la famosa bobina Tesla, que aún hoy se utiliza en los equipos electrónicos y que convierte la corriente continua de baja tensión en corriente alterna de voltaje muy alto.

Con las altas frecuencias, desarrolló algunos de los primeras iluminaciones fluorescentes y de neón. En una exhibición, moldeó tubos de vidrio con los nombres de renombrados científicos especialmente invitados para esa oportunidad, que eran el antecedente de los actuales anuncios de neón.

Tesla fue el primero en observar los rayos catódicos, los rayos X, las radiaciones ultravioletas y en estudiar los efectos terapéuticos de las corrientes de alta frecuencia sobre el cuerpo humano.

Sin embargo, estos descubrimientos palidecieron comparados con el que realizó en 1890, cuando iluminó un tubo vacío sin cable alguno, habiendo transmitido la energía por el aire. Este fue el inicio de la obsesión de la vida de Nikola Tesla, la transmisión de energía inalámbrica.

Con su nuevas bobinas, el inventor descubrió que podía transmitir y recibir poderosas señales de radio cuando estaban sintonizadas para resonar a la misma frecuencia. En 1895, estaba listo para transmitir una señal a 80 Kilómetros de distancia, de Nueva York a West Point, pero un incendio consumió su laboratorio, destruyendo su trabajo.

Esto no pudo suceder en peor momento, ya que en Inglaterra, el joven italiano Guglielmo Marconi estaba experimentando con la transmisión de telegrafía inalámbrica, aunque se decía que su telégrafo no podía transmitir ni a través de un estanque. Más tarde, Marconi realizó demostraciones de larga distancia, usando un oscilador de Tesla para transmitir señales a través del Canal de la Mancha.

Tesla registró su propia patente de la radio en 1897, la cual le fue concedida en 1900. Ese mismo año, Marconi solicitó su primera patente en los Estados Unidos, siendo rechazada debido a que fue considerada una copia de la patente de Tesla.

Una nota más dice que la radio de Marconi solo transmitía señales, mientras que Tesla describía la transmisión de voz ¡y de imágenes!, para lo cual diseñó y patentó después artefactos que evolucionaron en las fuentes de poder que operan actualmente en nuestros televisores. Sin embargo, ninguna patente está verdaderamente segura.

El italiano formó la Compañía Telegráfica Inalámbrica Marconi, cuyas acciones subieron gracias a las conexiones de su familia con la aristocracia británica. Edison invirtió en la compañía y se convirtió en ingeniero consultor de Marconi, quien el 12 de diciembre de 1901 logró por primera vez transmitir y recibir señales a través del Océano Atlántico.

Otis Pond, un ingeniero que trabajaba con Tesla, le comentó que parecía que Marconi estaba tomando la delantera, a lo que Nikola replicó: "Marconi es una buena persona. Dejémoslo continuar. Está utilizando 17 de mis patentes."

Sin embargo, la calmada confianza de Tesla fue hecha añicos en 1904, cuando la Oficina de Patentes de los Estados Unidos de pronto y sorpresivamente dio marcha atrás a sus decisiones previas y otorgó a Marconi una patente por la invención de la radio. Las razones nunca fueron explicadas, pero el poderoso apoyo bancario con el que contaba Marconi sugiere una posible explicación.

Tesla tenía otros problemas en ese momento, pero cuando Marconi ganó el Premio Nobel en 1911, estaba furioso. Demandó a la compañía Marconi, pero no estaba en condiciones financieras de litigar un caso contra una gran corporación.

Fue hasta 1943, unos cuantos meses después de la muerte del inventor, cuando la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos reconoció la patente de la radio de Tesla, por una razón egoísta. La Compañía Marconi estaba demandando al gobierno estadounidense por el uso de sus patentes durante la Primera Guerra Mundial y la Corte evadió la demanda restaurando la prioridad de la patente de Tesla e invalidando la de Marconi.

De cualquier manera y aunque haya sido de forma póstuma, esa decisión sirvió para reconocer a Nikola Tesla como el verdadero inventor de la radio.

Tesla ideó aparatos para capturar la energía del viento y de las mareas. Creó métodos para canalizar la energía geotérmica y para convertir la luz del sol en electricidad.

Inventó el velocímetro de los automóviles y presentó en el Madison Square Garden de Nueva York el primer bote a escala guiado por control remoto, que causó gran admiración, ya que parecía que Tesla lo controlaba con el pensamiento.

También ideó un serpentín, precursor de los circuitos básicos de las computadoras actuales. Sin embargo, sus colegas trataron por todos los medios de ridiculizarlo y rechazar sus ideas de hacer un mundo mejor para todos.

En una ocasión, en su laboratorio de Manhattan logró conseguir la frecuencia de resonancia de la tierra y provocó un pequeño terremoto que se sintió en varias cuadras a la redonda. Descubrió esta resonancia 60 años antes de que la ciencia confirmara sus resultados.

En su laboratorio de Colorado construyó un gigantesco transmisor para demostrar que la Tierra podía usarse como conductor eléctrico. Logró enviar una onda de energía por la atmósfera y recibirla de nuevo. El resultado fue el más grande arco eléctrico producido hasta el día de hoy. El trueno se oyó 35 Kilómetros a la redonda y el tremendo voltaje logró encender 200 lámparas ubicadas a 40 Kilómetros del laboratorio, sin utilizar cables.

Tesla planificó entonces un procedimiento para aprovechar las vibraciones eléctricas naturales de la Tierra y conseguir una energía eléctrica universal y de bajo costo. El magnate de los ferrocarriles, John Pierpoint Morgan, quedó impresionado por los logros del inventor y lo apoyó financieramente para crear un sistema de transmisión de datos a distancia y sin cables que abarcaría todo el planeta.

Morgan, que vio la posibilidad de acceder a un virtual monopolio del sistema de comunicaciones, le dio 150,000 dólares para desarrollar sus inventos y un predio en Long Island, donde instaló un laboratorio y erigió una torre de madera de 45 metros de altura, en la que se instalaría un enorme complejo emisor.

Pero comenzaron a surgir dificultades y una serie de accidentes le dio fama de mala suerte al nuevo laboratorio. El entusiasmo de Morgan iba disminuyendo ante la falta de resultados concretos para exhibir.

La gota que derramó el vaso fue la conversación que tuvo una noche Tesla con el millonario. El inventor, quizá con algunas copas de más, le confesó que el plan de transmisión de comunicaciones era en realidad un proyecto para transmitir electricidad sin costo a los hogares estadounidenses. Al día siguiente, Morgan cortó todo apoyo a Tesla.

Fue la última oportunidad que tuvo para demostrar que era capaz de hacer realidad el proyecto de electricidad gratuita y sin límites, pero todo acabó en la nada.

Tesla afirmó que con su "Sistema Mundial" se hubieran podido transmitir noticias, música y mensajes a todo el planeta por medio de la interconexión de los sistemas existentes de telégrafo, teléfono, los teletipos utilizados para las informaciones bursátiles y otras emisoras de señales. Además, se habría implantado un servicio de navegación universal y un sistema de impresión a distancia.

Otros inversionistas se negaron a apoyar a Tesla debido a la mala prensa que tenía desde que había comentado a un grupo de reporteros que en su laboratorio de Colorado Springs había logrado captar con su "Teslascopio" señales de radio provenientes de un lugar en el espacio, que probablemente fuera el planeta Marte. Los periodistas comenzaron a calificarlo como un científico excéntrico y loco, demasiado predispuesto a la fantasía. Hoy se sabe que fue la primera persona en detectar las ondas de radio del espacio, pero en aquel tiempo la Radioastronomía no estaba desarrollada.

En 1912, Nikola Tesla había rechazado ser nominado para el Premio Nobel de Física porque, según dijo, la academia sueca tendría que habérselo otorgado tres años antes, en 1909, en lugar de dárselo a Guglielmo Marconi.

Durante la Primera Guerra Mundial, el gobierno estadounidense estaba desesperado por conseguir un método para detectar los submarinos alemanes. Tesla propuso emplear la energía de ondas, lo que hoy se conoce como radar, pero Edison, encargado de la investigación, desechó la idea, considerándola ridícula. El mundo tuvo que esperar otros 25 años para que el radar fuera inventado, basado en los principios establecidos por el genial croata.

Tesla recibió en 1917 la Medalla Edison, el más alto honor otorgado por el Instituto Estadounidense de Ingenieros Eléctricos. Era una cachetada para un hombre que había recibido todo tipo de insultos y ataques de este personaje.

Era un maniático de la higiene. En sus años dorados tenía mesa permanente en el lujoso restaurante Delmonico's, pero no era una mesa cualquiera. Sobre el mantel se veían alineadas una cantidad de servilletas de finísimo lino de Irlanda. Llegaba, se sentaba y comenzaba su ritual: limpiaba con prolijidad quirúrgica las cucharas, los tenedores, los cuchillos, las copas, usando una servilleta para cada tipo de cubierto y de copa. Posteriormente, realizaba cálculos compulsivos sobre el volumen exacto de cada platillo que le servían.

Gran gourmet, con los años fue perdiendo el placer de la mejor cocina y se alimentó exclusivamente con leche hervida y verduras, porque había proclamado la intención de celebrar su centésimo cumpleaños. Odiaba las corrientes de aire y en invierno vivía encerrado en sus habitaciones en un hotel, donde tapaba con cinta adhesiva todos los intersticios por donde pudiese filtrarse un chiflón. El ambiente era sofocante, pues sostenía que la temperatura ideal para el ser humano no debía bajar de los 32 grados Celsius.

En primavera y verano, acudía al Central Park y a la Catedral de San Patricio para dar de comer a las palomas, y en otoño e invierno se hacía llevar al hotel a las aves heridas o enfermas para brindarles personalmente atención médica.

Debido a su tozudez en finalizar todos los proyectos que había iniciado, su sistema nervioso decayó y sufrió un colapso físico total. Sus agotados nervios se estremecían a la vista de la luz solar o ante el ruido del tránsito; no soportaba el zumbido de las moscas o el tic-tac de un reloj en una habitación vecina, ya que esos pequeños ruidos, en su cerebro, retumbaban como una gran explosión.

En la noche del 7 de enero de 1943, falleció en su habitación del Hotel New Yorker de Manhattan, de una trombosis coronaria. Tenía 86 años y se encontraba completamente solo. Nikola Tesla murió en la extrema pobreza, pero interiormente satisfecho consigo mismo.

Antes de que su cuerpo fuera transportado a una funeraria, agentes del FBI entraron en su habitación, violaron la pequeña caja de seguridad y se llevaron todos los papeles que contenía. También desaparecieron de un almacén seis cajas pertenecientes al inventor.

Cientos de personas asistieron a los servicios funerarios de Nikola Tesla en la Catedral de San Juan el Divino. Sus restos fueron incinerados y sus cenizas enviadas posteriormente a su país de origen, en ese tiempo Yugoslavia.

Se recibieron mensajes de todo el mundo lamentando la pérdida de un gran genio. Tres ganadores del Premio Nobel asistieron al funeral y le rindieron tributo como uno de los mayores intelectos del mundo.

Lord Kelvin, el científico británico, dijo acerca del olvidado pionero de la energía eléctrica; "Tesla ha aportado a la ciencia de la electricidad más de lo que cualquier otro había hecho hasta ahora".

Prácticamente todo lo que hoy utiliza electromagnetismo está derivado de sus patentes originales y por eso la unidad internacional de medida de flujo magnético es llamada Tesla en su honor. Sus principios de transmisión inalámbrica de energía son los que utilizamos cotidianamente en un control remoto normal o en un teléfono celular.

Tesla murió con más de 800 patentes registradas y se dice que no registró más que Edison por sus problemas financieros.

Aunque muchos de sus documentos fueron entregados al Museo Tesla de Belgrado en 1952, los que el mes pasado fueron incluidos en la Memoria del Mundo, hasta la fecha gran parte de sus notas y aparatos de sus laboratorios continúan siendo secreto de estado.

Entre sus documentos se encontraba el principio del rayo láser, que fue conseguido hasta 1960, así como los planos de un avión de despegue vertical, que no pudo construir por falta de dinero.

Nikola Tesla tenía completas sus teorías de transmisión de voz, imagen y datos por satélite cuando apenas existían los primeros aviones; imaginaba transmisiones radiales con estaciones que emitirían desde uno a otro confín del planeta; soñaba con cohetes espaciales, predijo que la energía del átomo podría ser utilizada con fines bélicos e imaginó un sistema para la transmisión de fotografías y documentos a gran distancia.

Fracasó en una sola de sus profecías: no llegó a los cien años de edad

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