domingo, febrero 05, 2006

Algo de lo que se habla mucho y casi nadie cree:
Los efectos del Calentamiento Global del Planeta

El Ártico perderá más de la mitad de su capa de hielo antes de acabar el siglo
El calentamiento en el Ártico se está dando al doble de velocidad que la media global, con implicaciones muy serias para la salud del planeta. Así se pone de manifiesto en un nuevo estudio realizado por un equipo internacional de 300 científicos del Consejo Ártico, que aglutina a los ocho países que tienen territorios en esta parte del globo: Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Federación Rusa, Suecia y Estados Unidos. «Las proyecciones para el futuro reflejan un nivel de calentamiento dos o tres veces más alto que en el resto del planeta», asegura Pal Prestrud, vicedirector del comité coordinador del estudio, titulado Valoración del Impacto del Clima Ártico.

El análisis, que recoge cuatro años de trabajo científico empezará a discutirse en el simposio científico que sobre este asunto se ha organizado en Reykjavik (Islandia). No obstante, lo alarmante de algunos de los datos ha hecho que ya se conozcan las conclusiones más importantes y que ya se hayan producido reacciones. Desde la organización ecologista WWF, Jennifer Morgan, directora de la campaña de cambio climático, asegura que «el gran derretimiento ha comenzado» y culpa a los países industrializados de «estar llevando a cabo un experimento incontrolado para estudiar los efectos del cambio climático, siendo el Ártico el ratoncillo de Indias».


Aumento del nivel del mar
Y es que de acuerdo a la media arrojada por los cinco modelos climáticos utilizados por los científicos para su estudio, el Ártico habrá perdido entre el 50 y 60 por ciento de su extensión de hielo en 2100. Es más, uno de los modelos concluye que a partir de 2070 el Ártico no volverá a tener hielo durante el verano. En declaraciones a la revista «New Scientist», Pal Prestrud explica que los modelos son los mismos que maneja el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) en sus predicciones. Así, teniendo en cuenta el escenario medio de estas proyecciones, donde las emisiones de gases de efecto invernadero duplican el nivel preindustrial, el aumento del nivel del mar oscilaría entre los 10 y los 90 centímetros durante este siglo.

Estos datos vienen a confirmar la hipótesis de que el Ártico sería la parte del globo que primero tendría que enfrentarse al cambio climático, debido principalmente a que el calentamiento en el Polo Norte tiene un componente de retroalimentación.

La razón hay que buscarla en que la nieve y el hielo actuán de reflectores hacia la atmósfera de entre el 80 y el 90 por ciento de la radiación solar. Cuando esta capa blanca desaparece, gran parte de la radiación solar es absorbida por la tierra o el mar en forma de calor, que provoca la fusión de más cantidad de hielo. Además, la sensibilidad del Ártico se acentúa por lo extremadamente seco que es el aire en esta zona comparado con el aire de latitudes más bajas. Esto significa que se utiliza menos energía en la evaporación del agua, quedando «almacenada» como calor.

Frente a la fauna que vive en estos territorios -como el oso polar-, que es la principal afectada por este calentamiento, la único beneficiada de esta situación sería la industria del petróleo. Esta apreciación que hace Prestrud se apoya en que el 25 por ciento de las reservas de gas y petróleo se encuentran en el Ártico y, por tanto, la desaparición del hielo favorecería el acceso a ellas. Por su parte, desde WWF/Adena, se subrayó «la hipocresía» de los gobiernos patrocinadores del estudio, pues siendo «responsables de más del 30 por ciento de las emisiones» no las han reducido.


¿Nieves perpetuas?

Los últimos glaciares de nuestro país, en los Pirineos, se han reducido hasta un 85 por ciento en los últimos cien años por los efectos del calentamiento global del planeta. Un ritmo que, de seguir así, provocará su desaparición a mediados de siglo

Los glaciares pirenaicos, único vestigio de este tipo de formaciones en España, tienen los días contados. Así lo demuestra un informe elaborado para Greenpeace por diversos científicos, entre los que están los catedráticos de Geografía Enrique Serrano y Eduardo Martínez de Pisón, y Fernando Lampre, presidente del Patronato de los Monumentos Naturales de los Glaciares Pirenaicos, quienes han observado su retroceso en la vertiente española de la cordillera. El estudio se basa en el análisis de documentos históricos, mapas y fotografías para llegar a una clara conclusión: el calentamiento global que sufre el planeta está acabando con nuestros últimos glaciares a un ritmo vertiginoso, reduciendo cada año su superficie en un 3 por ciento en la última década. Si no se toman medidas para evitarlo, los glaciares, convertidos ahora en un fenómeno casi anecdótico, desaparecerán definitivamente a mediados de este siglo.

La existencia de glaciares en nuestro territorio es una realidad desconocida para la mayoría. Y no es de extrañar, si tenemos en cuenta su escasa presencia actual. Pero no siempre ha sido así. No hace falta remontarse a la Edad del Hielo para encontrar testimonios de glaciares que un día existieron en nuestro territorio. A mediados del siglo XIX se encontraban hasta en tres sistemas montañosos (Sierra Nevada, Picos de Europa y Pirineos). En la actualidad, sin embargo, su presencia está limitada a la cordillera pirenaica. Un vestigio que pronto podría desaparecer, a juzgar por los datos que presenta el informe. Y es que si en 1894 estas formaciones ocupaban una superficie de 1.779 hectáreas, su extensión en 2000 era de tan sólo 290. A este ritmo, que ha reducido los glaciares pirenaicos en un 85 por ciento en poco más de cien años, se calcula que el año que viene sólo serán 65 las hectáreas ocupadas por los glaciares. El siguiente paso sería su fusión entre 2050 y 2070.

Menos nieve y más deshielo
La causa de este espectacular retroceso la encontramos, una vez más, en el cambio climático inducido por el hombre, responsable del aumento de la temperatura global durante el siglo XX en 0,6 grados centígrados. Aumento que en el caso de Europa fue de 0,95 grados, según el último informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente. Esta influencia del hombre continuará cambiando la composición de la atmósfera también en este siglo, según las estimaciones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que prevé un incremento de la temperatura media del planeta de entre 1,4 y 5,8 grados para los próximos cien años.

Estas variaciones climáticas afectan especialmente a los glaciares, ya que dependen de las bajas temperaturas para sobrevivir. El calentamiento de la atmósfera ha propiciado además que cada vez se produzcan menos precipitaciones en forma de nieve, de las que se nutren estas grandes masas de hielo, y más lluvias. Los glaciares constituyen gracias a su desplazamiento un sistema muy dinámico capaz de erosionar, transportar y sedimentar gran cantidad de materiales, y cumplen una misión fundamental proporcionando agua para el consumo humano, la agricultura y energía hidroeléctrica en muchas regiones del planeta.

Entre ellas, el resto de Europa, que también ve cómo sus glaciares dismunuyen a pasos agigantados. De hecho, casi nueve de cada diez glaciares europeos están en retroceso y los de los Alpes, la mayor cordillera del continente y la que alberga el mayor número de estas formaciones, han perdido ya un tercio de su superficie y la mitad de su masa, alcanzando niveles que superan los de los últimos 5.000 años. De continuar este proceso, se calcula que cerca del 75% de los glaciares de los Alpes suizos habrán desaparecido en 2050.

Ante esta situación, Serrano y Martínez de Pisón advierten en su informe que la situación de los glaciares es insostenible, «más allá del aporte que éstos realizan al crecimiento del nivel del mar, ya que poblaciones importantes y una variada cantidad de actividades productivas dependen de ellos». Greenpeace apunta que «es necesario cumplir con el Protocolo de Kioto» y exige compromisos que permitan atenuar los efectos del cambio climático.


De Alaska al Kilimanjaro
La situación en el resto del mundo no es más alentadora. Todas las regiones glaciares del planeta, ya sean árticas o de alta montaña, sufren retrocesos importantes en sus masas heladas. Así, el único glaciar africano, el del monte Kilimanjaro, podría desaparecer en menos de 15 años. La desaparición de los glaciares del centro y este del Himalaya, prevista para 2035, tendrá consecuencias más dramáticas, ya que podría afectar al suministro de agua en gran parte de Asia. Los grandes hielos de los Andes corren la misma suerte, compartida también por las regiones árticas. De esta manera, el deshielo del Bering, el mayor glaciar de Alaska, produjo en junio de 2002 un iceberg de 1,2 kilómetros de largo, el mayor visto hasta el momento.


El Artico hace aguas


No hay casi margen para el error.

El último estudio sobre los efectos del cambio climático en el Ártico se basa en la media de cinco modelos diferentes. Las palabras posible, seguramente y con toda seguridad aparecen por doquier en el informe, lo que significa entre un 50 y un 100 por 100 de probabilidad. Pero lo más importante es que el cambio ya ha comenzado y a velocidad de vértigo
Son 30 millones de kilómetros cuadrados repartidos por Canadá, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Rusia, Suecia y Estados Unidos, y ya han encendido su farolillo rojo. Los resultados del estudio más completo realizado hasta el momento sobre esta parte del globo han disparado la alerta sobre los efectos tan inmediatos y tangibles del calentamiento del planeta. Lo que ocurra en estas zonas dará la pista de lo que sucederá en el resto del mundo, pues ya advertían los científicos que los polos serían los sensores naturales del cambio climático. Algunos también apostaron por que este cambio se produciría a mayor velocidad en el Ártico que en la Antártida -la explicación está en que, aunque el dióxido de carbono en la atmósfera está promediado, la producción inmediata es mayor en el hemisferio norte porque hay más población y mayor consumo de combustibles fósiles- y a tenor de los datos del estudio «Valoración del impacto del clima ártico» sus predicciones no fallaron.

Como ingredientes adicionales a los impactos del cambio climático, otras muchas presiones derivadas de la actividad humana están afectando simultáneamente la vida en el Ártico, incluyendo la contaminación del aire y del agua, la sobrepesca, el incremento en los niveles de radiación ultravioleta debido al agujero de ozono, la alteración del hábitat y la contaminación por culpa de la extracción de recursos, y un incremento en la presión sobre la tierra y los recursos por la creciente población en la región. La suma de estos factores amenaza la capacidad de adaptación de las poblaciones -en la actualidad viven en la región cuatro millones de personas- y los ecosistemas del Ártico. Veámos cómo.

Cambios en la humedad del suelo.

El deshielo del permafrost provocará la formación de lagos y que las tierras húmedas drenen en algunas áreas, mientras se crean más zonas húmedas en otras partes. El balance de estos cambios no es del todo conocido, pero si los hábitats de agua dulce se modifican de esta manera, es probable que se produzcan grandes movimientos de especies.

Una carrera hacia el Norte.

Se prevé que las áreas donde viven muchas especies de animales y plantas extiendan sus límites hacia el Norte, resultando un incremento del número de especies en el Ártico. Esto afectará a las especies que actualmente tienen a esta región como su campamento base. Lo mismo ocurrirá con la vegetación, con bosques que invadirán la tundra, y lo mismo hará ésta en los desiertos polares. Si bien se espera que las limitaciones en la cantidad y calidad del suelo ralenticen esta transición en algunas áreas.

Especies marinas en riesgo.

Las especies que dependen del hielo marino, como osos polares, focas, morsas y algunas aves marinas, es más que probable que sufran drásticos declives en su población, y muchas de ellas se enfrentarán cara a cara con la extinción.

Especies de tierra en peligro.

Las especies específicamente adaptadas al clima ártico están especialmente en riesgo, como los musgos y líquenes, el lemming (un pequeño roedor), el zorro, el ratón de campo y la lechuza blanca.

Aumentan los incendios y los insectos
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Los incendios forestales, la plagas de insectos y otros disturbios se incrementarán en frecuencia e intensidad. Estos episodios harán a estos ecosistemas susceptibles de ser invadidos por especies foráneas.

Radiación ultravioleta.

El incremento en la radiación ultravioleta que alcanza la superficie terrestre como consecuencia del agujero de la capa de ozono, la reducción de la nieve en primavera y la fusión de la capa de hielo impactarán tanto en los ecosistemas terrestres como en los acuáticos.

Pérdida de bosques antiguos.

Los bosques de crecimiento lento son ricos en especies de líquenes, musgos, hongos, insectos, pájaros carpinteros y otras aves que anidan en las cavidades de los árboles. El calentamiento del clima incrementará los incendios forestales y las plagas de insectos que provocan la muerte de los árboles, reduciendo este valioso hábitat, que ya está en declive por la actividad humana.

Cambios en el ciclo del carbono.

La sustitución de la vegetación ártica por otra más productiva procedente del sur es muy probable que incremente la absorción de dióxido de carbono. Frente a esto, las emisiones de metano, sobre todo del calentamiento de humedales, y el derretimiento del permafrost se incrementarán.

Pérdida de la cultura de la caza.

Para los Inuit el calentamiento desbaratará o incluso destruirá su cultura de la caza y de compartir el alimento, pues la reducción del hielo marino provocará un declive de sus presas, haciéndose menos accesibles. Esto conlleva una disminución de la seguridad alimentaria, pues el acceso a su alimento tradicional -focas, osos, caribús y algunas especies de aves y peces- se verá seriamente afectado.

Impactos en la salud humana.

Esa reducción en la calidad de las fuentes alimentarias, como enfermedades en peces y bayas secas, ya se están viendo en algunos lugares. El cambio hacia una dieta más occidental traerá consigo riesgos como el incremento de diabetes, obesidad y enfermedades cardiovasculares. Los impactos sobre la salud también incluyen el aumento de los accidentes y desastres debido al derretimiento del hielo marino.

Expansión de la navegación.

El tráfico marítimo por rutas clave, como la del mar del Norte y el pasaje del Noroeste, es muy probable que se incremente. La navegación en los meses de verano se irá alargando a otras estaciones a medida que vaya avanzando el siglo debido al declive del hielo marino y, sin duda, aumentará el turismo en estas regiones.

Mayor acceso a los recursos.

La único beneficiada de esta situación sería la industria del petróleo. No en vano, el 25 por ciento de las reservas de gas y petróleo se encuentran en el Ártico y, por tanto, la desaparición del hielo favorecería el acceso a ellas. Aunque tampoco será una tarea exenta de problemas, ya que el movimiento del hielo hará más difíciles algunas operaciones. Por otra parte, algunas de las principales pesquerías del Ártico, como la del arenque y el bacalao, serán más productivas a medida que el clima se vaya calentando. Los patrones de distribución y migración de muchas especies de peces es muy probable que se vean modificados.

sábado, enero 14, 2006

Me parece interesante y lo pego aquí aunque sea un poco largo:

La falsificación de la historia como

INSTRUMENTO de dominio

Escribe Adrian Salbuchi

Quien controla el pasado controla el presente; quien controla el presente, controla el futuro”

George Orwell – “1984”

”La historia no es simple “pasado”. Es la forma que suelen adoptar las angustias y las luchas del presente. Es por eso que ante una misma historia existen – y deben existir – distintas interpretaciones historiográficas… La tarea del pensador es analizar las conexiones de los procesos históricos y sociales. Debe preservarse de las críticas de los que quieren confrontar “el mal absoluto” en nombre del “bien absoluto”.

Norberto R. Ceresole - “La falsificación de la realidad”

“La única verdad es la realidad”

Juan D. Perón

Para un pueblo, conocer su pasado - su historia - es tan importante como lo es para un individuo conocer quién es, de dónde viene y cuáles son sus raíces. Las personas que sufren de amnesia quedan inermes ante la voluntad ajena y corren el riesgo de que cualquier pillo los embauque haciéndose pasar por su “amigo”, o “hermano”, o “familiar” para así aprovecharse de él.

Lo que les ocurre a estos individuos puede ocurrirle también a los pueblos si olvidan, confunden o desconocen el pasado; con las tecnologías modernas, incluso puede ocurrirle al mundo entero.

Hoy, poderosísimos grupos compactos disponen de los medios para literalmente controlar nuestra visión del pasado - la Historia – y del presente, descarrilando así la Realidad que es reemplazada por una suerte de “realidad virtual”, alineada con sus propios y a menudo inconfesables objetivos e intereses.

LA “INDUSTRIA DEL HOLOCAUSTO”

Bajo este insinuante título el historiador norteamericano Norman Finkelstein, profesor de teoría política en la City University of New York, Hunter College, publicó en el año 2000 un libro muy polémico: “The Holocaust Industry: Reflections on the Exploitation of Jewish Suffering” (1), en el que critica los poderosos motivos financieros y geopolíticos de quienes hoy promueven en forma exagerada el así-llamado “Holocausto” con el fin de, entre otras cosas, extraer gigantescas sumas de dinero para el Estado de Israel a un conjunto de “víctimas pudientes”: bancos suizos, los gobiernos estadounidense y alemán, grandes empresas alemanas y otras víctimas actuales y futuras.

Finkelstein define a Israel como un Estado terrorista, invasor y altamente peligroso no solo para la paz en Medio Oriente sino de todo el mundo, particularmente si se considera su enorme capacidad nuclear gracias a las Armas de Destrucción Masiva atómicas que desde hace décadas le cediera sumisa y obedientemente Estados Unidos de Norte América.

Norman Finkelstein se inserta en la corriente de pensamiento de su amigo y mentor Noam Chomsky, ambos prestigiosos intelectuales judíos anti-sionistas, que se han ganado las iras de la poderosísima maquinaria del sionismo internacional, al calificar a sus principales organizaciones y operadores como "gangsters" y "delincuentes"; al celebrado propagador del Holocausto, Elie Wiesel (2) como su “payaso residente”; y a las exigencias sionistas a Alemania para que les pague gigantescas reparaciones monetarias, como un desfachatado “chantaje”.

Lo interesante del caso es que Finkelstein se inserta dentro de un creciente conjunto de historiadores, periodistas, intelectuales y sectores de opinión a nivel mundial que no aceptan mansamente el Dogma del Holocausto, emanado desde los centros de poder esencialmente privado del Nuevo Orden Mundial ubicados en Nueva York, Londres, París y Jerusalén, entre otras ciudades. Se trata de un amplio sector de personas intelectualmente independientes que consideran que esta auténtica “Industria del Holocausto” como bien la define Finkelstein, es utilizada no solo para el robo de dineros públicos y privados en todo el mundo, sino también para justificar el genocidio que hoy perpetra el Estado de Israel contra el cautivo pueblo palestino y otras futuras agresiones en distintas partes del mundo que ya empiezan a avizorarse.

TERRORISMO INTELECTUAL

En el actual y tan liberal "mundo desarrollado" existe, sin embargo, un auténtico terrorismo intelectual que prohíbe – en algunos países bajo pena de cárcel - que se investigue y se propague cualquier opinión o investigación que siquiera cuestione la veracidad de este Dogma del Holocausto. Así, se ha perseguido e incluso encarcelado a historiadores como el francés Robert Fuarisson, a centros de investigaciones como el Instituto de Revisionismo Histórico de California, al investigador alemán Ernst Zündel y, más recientemente, el prestigioso historiador inglés David Irving quien fuera arrestado en Austria bajo un viejo cargo que data del año 1989 cuando osó dar una conferencia en la que cuestionó la historia oficial de los 6 millones de judíos muertos en los campos de concentración alemanes durante la segunda guerra mundial, aseverando – como mantienen muchos investigadores – que más allá de la persecución de los judíos en la Alemania nacionalsocialista, no existe sustente serio y verificable a esa tremenda cifra de los 6 millones. (3)

Esta cifra casi emblemática y cabalística de 6 millones hoy se acepta como buena, no porque se halle avalada por investigaciones históricas serias y sólidas, sino porque se la ha repetido, dramatizado y taladrado en el imaginario colectivo gracias a los cientos de miles de millones de dólares invertidos a lo largo de sesenta años de propaganda en películas, documentales propagandísticas, libros, novelas, entrevistas, actos, monumentos, recordatorios, “memorias activas”, y muchas otras acciones psicológicas colectivas tendientes a imponer el “Holocausto de los 6 millones” como una realidad, a pesar de carecer tal cifra de un riguroso sustento fáctico.

Uno de los tantos instrumentos de guerra psicológica utilizados en este proceso es la neoyorquina Anti-Difamation League, una de las organizaciones de choque encargada de ejercer presión de todo tipo contra quienes cuestionen el Mito del Holocausto en cualquier parte del mundo. Utilizando una metodología agresiva, copiosamente financiada y con amplia cobertura entre los multimedios monopólicos mundiales, la ADL ejerce una suerte de terrorismo intelectual tendiente a acallar toda crítica hacia el sionismo, sus objetivos mundiales y sus operadores, esgrimiendo – a menudo con tono rayano en la histeria – la acusación de “¡antisemitismo!” contra quienes pretendan promover un estudio serio de estos temas fundamentales, o cuestionen las políticas israelíes, equiparando erróneamente “antisemitismo” con “antisionismo” (4) Señalemos que la ADL opera estrechamente con la muy influyente y exclusiva logia masónica judía B´Nai B´Rith.

SIN PELOS EN LA LENGUA…

Es dentro de este marco que creemos conveniente interpretar las agudas declaraciones del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, realizadas hace pocos días en La Meca, Arabia Saudita, cuando expresó dudas sobre la veracidad de la historia oficial en torno al Holocausto judío y sugirió que Israel debiera ser trasladada a Europa.

Ello, naturalmente, generó el inmediato rechazo de las muy poderosas organizaciones sionistas mundiales y de los gobiernos y multimedios bajo su control, notablemente los de Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Austria y, desde luego, de la propia Israel.

Sin embargo, y a pesar de la mala prensa que hoy tiene Irán y su gobierno entre los medios “occidentales”, la lógica de Ahmadinejad es históricamente impecable. Entre otras cosas, manifestó el jefe de Estado iraní que "algunos países insisten en decir que Hitler mató a millones de inocentes judíos en una caldera y ellos insisten a tal punto en esto que si cualquiera dice algo contrario a lo que ellos condenan, es enviado a prisión" (por ejemplo, el historiador David Irving hoy encarcelado en Austria). "Aunque no aceptamos esta afirmación (la del “Holocausto”), si suponemos que es verdad nuestra pregunta para los europeos es: "¿Es la supuesta matanza de personas judías inocentes llevada a cabo por Hitler la razón para que respalden a los ocupantes de Jerusalén?" "Ahora que admiten que los judíos fueron oprimidos, ¿por qué deben pagar el precio los musulmanes palestinos? Dado que ustedes (por los europeos) fueron los que los persiguieron, ofrézcanles ustedes un pedazo de tierra al régimen sionista para que pueda establecer allí el gobierno que más desea. Nosotros lo apoyaremos", indico Ahmadinejad. "Que Alemania y Austria den dos o tres de sus provincias al régimen sionista y el problema estará resuelto desde sus raíces" (5)

Innegablemente, Ahmadinejad está poniendo el dedo en la llaga, lo que pudo verificarse en la seguidilla de reacciones casi histéricas de las “democracias occidentales”, comenzando por las de la flamante canciller germana Angela Merkel, quien consideró "totalmente inaceptables" esas declaraciones iraníes recordando que "con nuestra responsabilidad histórica en mente, solo puedo decir que las rechazamos en los términos más duros".

Ahora, bien, nosotros preguntamos: ¿Por qué ese “rechazo” germano? Si la actual Alemania está tan convencida de la veracidad del Holocausto de los 6 millones, y si su gobierno rechaza lo que muchísimas personas dentro y fuera de aquella otrora gran Nación hoy creemos en el sentido de que se trata de una tergiversación histórica, entonces que Alemania y Austria (oficialmente, los perpetradores del “Holocausto”) le cedan en compensación a los sionistas alguno de sus bellos Länder como Silesia, o Westfalia, o Brandenburgo, o, incluso – ¿porqué no? la histórica Baviera...

Haberles tirado este fardo a los palestinos, robándoles su Nación podrá ser muy cómodo para los aburguesados y decadentes alemanes y austriacos de hoy, pero el costo para los palestinos ha sido uno de genocidio, sangre, tortura, vejaciones, miseria y humillación. ¿Porqué deben los palestinos pagar las culpas de alemanes y austriacos? Máxime cuando la intrusión de Israel en el mundo musulmán ha sido causa de casi sesenta años de guerras, invasiones, y crímenes contra prácticamente todos los pueblos islámicos por parte de las fuerzas militares de Israel, Estados Unidos y Gran Bretaña.

Ursula Plassnik, ministra de relaciones exteriores de Austria por su parte dijo que "no se pueden plantear dudas sobre el derecho a la existencia de Israel", no solo aludiendo a estas declaraciones de Ahmadinejad sino también a las que hiciera el líder iraní hace poco tiempo invitando a "borrar a Israel del mapa". A su vez, Raanan Gissin, vocero del primer ministro israelí Ariel Sharon manifestó su preocupación ante “el consenso que existe en muchos círculos del mundo árabe de que los judíos no tienen derecho de establecer un Estado judío democrático en su patria ancestral”.

Por nuestra parte, agregaríamos que no solo en el mundo árabe se cuestiona ese derecho a usurpar tierras ajenas, sino que en nuestro continente y en nuestra Argentina, somos muchísimas las personas que sostenemos precisamente ese punto de vista. El Sr Gissin incluso le recordó al presidente Ahmadinejad que "los judíos hemos estado aquí mucho antes que sus ancestros", dando a renglón seguido "gracias a Dios que tenemos la capacidad de disuadir y prevenir que semejante declaraciones se transformen en realidad".

Resulta muy interesante la posición israelí. Señalemos que si todos los pueblos y etnias del mundo se dedicaran a reclamar las tierras que según sus Libros Sagrados y tradiciones culturales, religiosas y étnico-raciales les corresponden porque “sus ancestros llegaron antes”, ello indudablemente generaría enormes cambios en el mapa mundi político. Sin ir más lejos, los norteamericanos deberían retirarse de la totalidad del territorio que hoy ocupa su poderosa nación para devolvérselo a las naciones Sioux, Chinook, Tonkawa, Wichita, Ute, Apache, Delaware, Algonquin, Iowa, Cheyenne, Mojave, Mohawk, Chocktaw, Iroquí, Miami, Omaha y muchas otras tribus originarias cuyas tierras les fueron robadas por el gobierno de EE.UU. a lo largo de casi cuatro siglos de invasiones y genocidios. Pues, no caben dudas que estas tribus “llegaron ahí mucho antes” que los conquistadores ingleses, holandeses, españoles, portugueses, alemanes e, incluso, inmigrantes judíos que se establecieron en esas tierras para terminar fundando el voraz imperio hoy conocido como Estados Unidos de Norte América.

Similarmente, en estas latitudes sudamericanas, nosotros los argentinos – al menos quienes somos de descendencia europea italiana, española, sajona, y también quienes sean miembros de la comunidad judía – debiéramos todos ir preparando nuestras maletas para retirarnos de estas tierras usurpadas hace apenas un par de siglos a las tribus Ranquel, Pampa, Mapuches, Comechingones, Guaraní, Tobas, Selcnam, Aimara, Ranquel, Quilmes, Guayaquí, entre tantas otras.

Y con respecto a la “posibilidad de disuadir y prevenir" a la que alude el vocero del premier Ariel Sharon, no nos caben dudas de que tienen esa capacidad por cuanto las fuerzas del sionismo israelita hoy han logrado secuestrar al propio gobierno de los Estados Unidos de Norte América para que opere como instrumento dócil y subordinado a sus propios intereses geopolíticos mundiales, de claro corte mesiánico y racista. Este insólito y complejo proceso mediante el cuál se secuestró el Estado norteamericano tiene nombre y apellido concreto: el así-llamado “Project for a New American Century” (www.newamericancentury.org), sobre el cuál brindamos detalles en el Cap. V. del ensayo "Bienvenidos a la Jungla…:” (pags. 105 a 113.)

Y A NOSOTROS, ¿QUÉ NOS IMPORTA TODO ESTO?

Cada vez que nuestra prensa pueril informa sobre estos temas, siempre lo
hace fuera de contexto, usualmente en forma incompleta, y siempre de manera distorsionada, consecuencia de su obligado alineamiento con la visión global impuesta por los dueños del Nuevo Orden Mundial. En síntesis, alineados sumisamente a los intereses del sionismo internacional.

Así, leemos en el matutino “Clarín” de Buenos Aires del 10-Dic-05, que las declaraciones del presidente iraní "expresan un sentimiento antisemita, intolerante, beligerante y antidemocrático", dijeron en Argentina, en un comunicado conjunto, la AMIA, la DAIA y la Organización Sionista Argentina, que reclamaron al presidente Néstor Kirchner que se sume a la condena al presidente iraní por sus dichos”. Seguramente, Kirchner prontamente obedecerá, mientras que el mismo artículo periodístico vuelve a azuzar el “peligro nuclear” representado por Irán (soslayando que el verdadero peligro nuclear actual para la paz mundial son Estados Unidos, Israel y el Reino Unido (6), e incluso lanza una no muy velada amenaza sobre un futuro ataque israelí contra Irán al recordar que Israel quiere que haya una actitud más firme de la comunidad internacional sobre el programa atómico que desarrolla Teherán. Ya en 1981, la Fuerza Aérea israelí bombardeó el reactor atómico iraquí Osirak, a 17 kilómetros al sur de Bagdad.” No recordamos que por entonces las Naciones Unidas sancionaran a Israel por semejante agresión flagrante contra la soberanía iraquí, por más que hoy el siempre genuflexo secretario general de la ONU Koffi Annan se manifieste “horrorizado” por las declaraciones de Ahmadinejad cuestionando el Mito del Holocausto.

Conviene recordar que las presiones sionistas sobre la República Argentina vienen de larga data. Desde que su propio fundador Theodor Herzl propusiera en 1896 - hace ya más de un siglo - fundar el Estado israelita en territorio argentino “a cambio de una compensación financiera”. (Preguntamos: ¿cobrará esto forma a través de algún venidero “canje de deuda por territorio”?).

Hoy, esas presiones han derivado en un tremendo deterioro diplomático entre la Argentina e Irán, que no solo le ha costado a nuestro país la pérdida de miles de millones de dólares en exportaciones a Irán a lo largo de la última década, sino que – muchísimo peor - nos arrastra peligrosamente a involucrarnos directamente en la guerra que Estados Unidos, Israel y Gran Bretaña hoy preparan contra Irán, al tiempo que nos comportamos de manera despreciable al agredir e insultar gratuitamente al noble y milenario pueblo iraní.

Las consecuencias potencialmente catastróficas para nuestro país de haber permitido semejantes maniobras por parte de servicios de inteligencia de ciertos Estados foráneos, apenas pueden enfatizarse. Los graves peligros que hoy corre la Argentina al estar en manos de un gobierno integrado por personajes ignorantes en materia internacional como el presidente Néstor Kirchner - quien hasta hace pocos días confió nada más y nada menos que nuestra Cancillería a un personaje inepto, claramente incapaz e impotente para tomar decisiones como Rafael Bielsa - nos exime de todo otro comentario.

¿QUIÉNES SON; DÓNDE ESTÁN NUESTROS ENEMIGOS?

La propia existencia de un Estado Nacional soberano implica un relacionamiento con todos los demás Estados nacionales soberanos y con otros operadores en el escenario mundial. Lo queramos o no; nos guste o no.

Para abordar este hoy tan complejo y peligroso entorno externo sobre el cual la Argentina tiene poco o ningún control ni poder, debemos comenzar por comprenderlo, identificando cuáles son las amenazas y oportunidades que nos presenta, para luego diseñar las políticas y planes de acción correspondientes que promuevan nuestro objetivos y consoliden nuestros intereses. Una Nación seria dispone de instrumentos concretos para estas tareas, que incluyen al Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Defensa y – se supone – un presidente mínimamente lúcido, idóneo y equilibrado.

La auténtica Política – mal que le pese a nuestra dirigencia de politiqueros de alcantarilla - es la Política Exterior, que es el plano dónde una Nación se mide con otros Estados, a menudo vastamente más poderosos. Un axioma fundamental de la Política Exterior requiere identificar a los Estados y operadores amigos, diferenciándolos de aquellos que se presentan como enemigos o al menos adversariales, para luego poder buscar alianzas con los primeros, y tomar acciones preventivas y de defensa respecto de los segundos.

Los Estados y operadores identificados como “enemigos” no lo son porque sean “malos”, sino porque tienen otros intereses y otros objetivos no coincidentes con los nuestros, que al promoverlos pueden potencialmente entrar en conflicto indirecto o directo con nuestro país.

Ahora bien: cuando esos Estados y operadores externos identificados como enemigos o adversariales resultan vastamente más poderosos que nosotros y, encima, claramente agresivos, entonces tenemos un problema. Y cuando se presenta este tipo de problema, hay que hacer algo con el mismo, puesto que si se lo deja solo, decididamente no desaparecerá. Todo lo contrario: aumentará su peligrosidad, presión y amenaza. En nuestro caso, lo hará hasta que el Estado Nacional argentino ya no pueda hacer nada ante su creciente presión, fuera de ceder ante intereses y objetivos foráneos, claramente en detrimento de los objetivos e intereses de nuestro Pueblo (si no, no los hubiéramos identificado como enemigos, ¿verdad?).

Para administrar este complejo panorama, una Nación dispone de una Cancillería, de Fuerzas Armadas, de un Ministerio de Economía; en síntesis: para eso una Nación tiene un Estado Nacional cuyas estructuras se confían a un conjunto de ciudadanos que se integran en lo que denominamos “el Gobierno” que administra – para bien o para mal - los destinos del país. De más está enfatizar que colocar a un Gobierno de ineptos en las estructuras de Poder del Estado, termina resultando fatal para la Nación.

Por eso, hoy la Argentina debe abordar esta compleja problemática internacional desde un ángulo diferente alineado en base a:

(a) un enfoque equilibrado de la historia contemporánea (para comprender los orígenes del problema);

(b) un enfoque equilibrado respecto de las titánicas fuerzas que hoy conforman y deforman la política mundial (para comprender las amenazas que enfrentamos) y, por sobre todo,

(c) un enfoque alineado con el Interés Nacional Argentino, o sea, el Bien Común de la mayoría de sus 39 millones de habitantes y no tan solo los intereses de alguna de sus minorías sociales, económicas o étnicas (para preservar la Nación).

Primeramente, resulta, como mínimo, sospechoso verificar la manera en que nuestros multimedios “formadores de opinión” se alinean sistemáticamente con la visión e intereses sustentados por la “historiografía oficial” promovida desde las más poderosas y violentas naciones del mundo. Naciones que desde hace siglos son enemigas – o al menos adversarias – reales y concretas de la Republica Argentina: me refiero al Reino Unido y a los Estados Unidos de Norteamérica, que a lo largo de varios siglos nos han agredido y siguen agrediendo en los frentes económico, financiero, político, moral y militar casi sin interrupción, sea directamente o a través de sus agentes y operadores dentro del país en los sectores público y privado.

Así por ejemplo, y en relación a la compleja problemática en torno a la Segunda Guerra Mundial – contienda que definió quiénes serían los dueños del planeta en las décadas subsiguientes – y su desenlace, hemos adoptado la irracional posición de asumir como "nuestro enemigo" a una satanizada Alemania derrotada en aquella terrible y complejísima contienda bélica de hace más de sesenta años. Sin embargo, tanto Alemania y Austria como su principal aliado Japón, jamás agredieron a la Argentina ni a nuestro continente, ni nos atacaron ni vulneraron nuestros intereses, como sí lo hicieron y siguen haciendo sistemáticamente la rapiña estadounidense y británica.

Tampoco olvidemos que la Unión Soviética (aliada de Estados Unidos e Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial), en los años sesenta y setenta lanzó contra nosotros sus huestes guerrilleras iniciando una catastrófica guerra civil en nuestro país. Así caímos bajo un sincronizado efecto de “pinzas”, mediante el cual nuestro pueblo era agredido, por un lado, por la URSS a través de la guerrilla apátrida y sus “jóvenes idealistas”, mientras que por el otro, sufrimos la represión, entrega y traición de una cúpula cívico-militar usurpadora del Estado que se alineó estúpidamente con la geopolítica de Estados Unidos.

Así, llegamos a la irracionalidad de considerar como nuestros “amigos” a Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel que decididamente no lo son; al tiempo que creemos que son nuestros “enemigos” aquellas fuerzas opositoras a la alianza anglo-estadounidense-israelí: desde Alemania y Japón como actores históricos en la mayor contienda bélica del siglo XX, hasta Irán y las organizaciones de liberación islámicas en Palestina, Irak y Afganistán. Esta Argentina cultural e intelectualmente colonizada pareciera disfrutar del veneno que a diario le hacen beber a borbotones.

NADA QUE VER CON NOSOTROS…

El Estado de Israel es un país foráneo aliado a Estados Unidos y Gran Bretaña. Si pensáramos con nuestro propio cerebro y no con el de nuestros enemigos y adversarios tanto fuera como dentro del país, entonces mantendríamos aunque más no sea una actitud decorosamente neutra y objetiva ante la catástrofe desatada en Medio Oriente desde hace más de medio siglo. Como muestra de un mínimo de autoestima intelectual, no aceptaríamos sin más la historia oficial mundial interesadamente propagada e impuesta por Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel, en momentos en que casi ni se conoce cuál fue esa misma historia vista desde el punto de vista de los grandes derrotados de aquella Guerra Mundial; y no me refiero a los gobiernos títeres que hoy ocupan el poder en Alemania y Austria “por la gracia de un Dios tribal” que atiende en Nueva York, Londres y Jerusalén, entre otras cosmopolitas metrópolis.

Desde 1945, la Opinión Pública planetaria ha sido informada sobre terribles matanzas, campos de concentración y persecuciones perpetradas por la Alemania nacionalsocialista. Sin embargo, aquello viene ocurriendo en un marco sin precedentes y único en la historia de la humanidad en el que un Estado (el Tercer Reich alemán) sucumbió militarmente en forma total quedando inerme ante sus irreconciliables enemigos (Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Soviética y Francia), que así lograron robarle su territorio, condenar a sus dirigentes (la travestía jurídica de los Juicios de Nuremberg son un símbolo de ello), robarle cientos de miles de patentes, inventos, procesos industriales y derechos intelectuales de toda índole, y – muy importante – quitarle la totalidad de su documentación de Estado, especialmente aquella calificada como secreta; todo como gran botín de guerra.

Esa documentación fue retirada y llevada a Nueva York, Londres, París y Moscú desde donde con los años se fue escribiendo una "historia oficial" según la conveniencia, intereses y objetivos mundiales de aquellas potencias victoriosas. Entre esos futuros objetivos y planes se encontraba la creación, el financiamiento y la poderosa militarización ad eternum del Estado de Israel.

A modo de ejercicio mental, preguntamos: ¿Cual sería la imagen que tendría el mundo hoy si la totalidad de los documentos secretos de, por ejemplo, Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel cayeran íntegramente en manos de sus adversarios para que éstos los seleccionaran y armaran su propia “historia oficial”, con el fin de satanizarlos y promover su propio conjunto de objetivos? ¿Se imagina el lector las cosas que descubriríamos si pudiéramos, por ejemplo, investigar a fondo los capítulos más oscuros, sanguinarios, perversos, patológicos y destructivos escondidos en los archivos secretos de la CIA, del Pentágono, y de la Nacional Security Agency estadounidenses? O del MI6 y el Foreign Office británico? O del Mossad, Shin Beth y Fuerzas de Defensa Israelí?

Hoy, Estados Unidos ni siquiera logra quedar bien parada ante la opinión pública a pesar de ser la nación más poderosa del planeta y disponer de gigantescos instrumentos de control de la información y loe multimedios. Imaginémonos cómo quedarían ante la opinión pública si se los pudiera desnudar a estadounidenses, británicos e israelíes íntegramente como ellos hicieron con Alemania a partir de 1945… ¿Cuántos “Tribunales de Nuremberg” tendríamos que montar para juzgar y condenar a los Kissinger, Truman, Eisenhower, Roosevelt, Bush, Johnson, McNamara, Bundy, Kennan, Deutch, Baruch, Mongenthau, Cheney, Perle, Wolfowitz, Feith, Rockefeller, Harriman, Clinton, Albright, Carlucci, Reagan, Hoover, Westmoreland, Rusk, Schwartzkopf, Powell, Braden, Rhodes, Kagan, Podhoretz, Brzezinski, Abrams, Negroponte, Bolton, Dulles, Rice, Rumsfeld, Baker, Casey, Berger, Armitage, Lehman, Kaplan, Helms, Solardz, Sokolski, Thatcher, Churchill, D’Amato, Nixon, Ford, Carter, Eden, Carrington, Nott, Harris, Shamir, Meir, Sharon, Netanyahu, Barak, Peres, Gore, Beghin, Gurion, y tantos, tantos, más. El mundo jamás habría visto tantos encumbrados juzgados por crímenes de lesa humanidad, genocidio y de crímenes contra la paz.

Por eso, el alineamiento vergonzoso y sistemático de todos los gobiernos argentinos desde hace al menos treinta años a favor de los objetivos, intereses y planes de los dueños del Nuevo Orden Mundial conducido por Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel debe terminar. Este vulgar proceso de decadencia se vio agudizado a partir de la traición menemista de los años noventa en todos los planos de la vida nacional y de sus relaciones internacionales, signadas desde entonces por las “relaciones carnales” con el imperio anglo-norteamericano-israelí (hoy intactas bajo el gobierno Kirchner que mantiene los ejes principales de esa sumisión, a pesar de haber cambiado el “estilo”).

En el caso específico de las declaraciones del presidente iraní, recordemos que la Argentina acusó a Irán por los atentados de la AMIA y, tangencialmente, de la Embajada Israelí, solo aportando pistas falsas, “pruebas” obviamente plantadas por fuerzas israelíes y norteamericanos que se hicieron cargo de investigar ambos “Ground Zero” en marzo 1992 y julio 1994. Así, se trabajó durante más de una década en inventar una obviamente inexistente “pista iraní” con el bochornoso espectáculo que incluyó a un juez federal cometeando a un preso para que diera falso testimonio (el destituido juez Galeano) y, hace pocas semanas, a un histérico fiscal de Estado (Nissman) mostrando una foto de un supuesto “terrorista asesino” que se auto-inmoló en el atentado a la AMIA, tesis que rápidamente quedó descartada debido a su burda falsedad. Todo, por supuesto, con altísima cobertura mediática de los diarios, radios y televisión local.

Sin embargo, hoy se sigue trabajando intensamente para “encontrar” las “pruebas” que den sustento a la “pista iraní” que necesitan Bush y Sharon para armar un nuevo casus belli, esta vez contra Irán, mientras que lo que realmente hace falta es profundizar en la mucho más verosimil “pista israelí” (remitimos al lector al Cap. VI de nuestro citado ensayo “Bienvenidos a la Jungla…”).

LA CÁBALA DE LAS CIFRAS

Para comprender cómo opera el mecanismo mistificador en torno a los 6 millones, señalemos que en un entorno mucho más pequeño y reciente en nuestro país, hemos visto un proceso parecido al propagarse el mito de los “30.000 desaparecidos”, cifra que no solo no tiene ningún sustento, sino que la propia CONADEP – Comisión Nacional de la Desaparición de Personas creada por el gobierno Alfonsín en 1984 - en su conocido informe “Nunca Más”, describe la existencia de unos 8.700 “casos” denunciados de personas desaparecidas, al tiempo que reunió pruebas concretas que permitieron juzgar a los militares responsables en solo un par de centenares de casos.

Aún entre esta cantidad mucho menor de “desaparecidos” descriptos por la CONADEP, hallamos casos notables de “desaparecidos” que terminaron apareciendo en el exterior; incluso alguno ha llegado a integrar el actual gobierno del presidente Kirchner, como el caso notable de la Dra. Carmen Argibay quien figura en el listado del informe “Nunca Más”, y que recientemente fuera nombrada jueza de la Corte Suprema de Justicia de la Nación por Kirchner.

Lo importante es señalar que, también aquí, el mito fue echado a rodar dinamizado por los medios de difusión que lo repiten una y otra y otra vez, taladrándolo en el cerebro de la ciudadanía, hasta que se lo terminó integrando de preppo al imaginario colectivo argentino.

Señalamos esto para enfatizar la importancia que tiene no permitir que se falsifique la realidad - según la frase de Norberto Ceresole citada al inicio de este artículo -, lo que decididamente NO implica en lo más mínimo justificar la barbarie, estupidez y entrega del gobierno cívico-militar que usurpó el poder en nuestro país entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 de diciembre de 1983.

Los despreciables victimarios deben pagar por sus crímenes. Sin embargo, una cosa es castigar a los individuos responsables – especialmente por tratarse de militares de alta gradación - y otra muy diferente es defenestrar a la institución de las fuerzas armadas y de seguridad, esenciales para la defensa y seguridad del Estado Argentino. Así, un conjunto de personajes internos y externos se ha aprovechado del terrible dolor de aquellos años para promover otros intereses menos confesables que apuntan a lograr la paulatina disolución y destrucción de la República Argentina.

Moralmente, un solo ser humano injustamente perseguido o muerto merece Justicia, haya sido perseguido por militares argentinos, alemanes, estadounidenses, iraquíes, soviéticos, o israelíes, o por fanáticos chinos, sionistas, franceses o ingleses. Pero la Justicia debe ser pareja y para todos y no sólo para algunos. Y si hemos de condenar a militares argentinos y jerarcas alemanes, también debemos condenar a torturadores israelíes e ingleses y a invasores norteamericanos.

Por eso, pongamos las cosas en su justa proporción: ¿6 millones del Holocausto? ¿30.000 Desaparecidos? La exageración no solo no acerca la Justicia y la Verdad, sino que, todo lo contrario, las aleja e insulta la memoria de quienes fueron realmente víctimas en todas estas complejas contiendas y guerras.

Primero, entonces, generemos un ámbito objetivo y equilibrado que permita conocer los datos reales en torno a estos dolorosos hechos y procesos, y luego podremos determinar las cantidades de víctimas que sucumbieron. Hoy parece que se hace al revés: primero se tiran las cifras que permiten armar el Mito más conveniente para determinados objetivos encubiertos y luego se ejerce presión para obligar a todos a creer en ellas, con lo que se cobra una víctima más: la Verdad.

Lo hemos dicho reiteradamente: si los Argentinos hemos de superar los males que nos aquejan, lo primero a hacer consiste en “entender y saber de qué se trata”, lo que por sobre todas las cosas presupone pensar con el cerebro propio y no con el cerebro ajeno.

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Adrian Salbuchi, investigador, ensayista y conferencista; conductor del “El Traductor Radial” y fundador del Movimiento por la Segunda República Argentina – www.eltraductorradial.com.ar

1 También publicado en la Argentina bajo el título "La Industria del Holocausto: Reflexiones
sobre la Explotación del Sufrimiento Judío" (Siglo XXI de Argentina Editores, Buenos Aires, 2002), extrañamente, hoy casi inhallable en nuestras librerías.

2 Premio Nobel de la Paz de 1986, miembro del poderoso Council on Foreign Relations, Inc., de Nueva York, y Gran Pope del Mito del Holocausto a nivel universal. En 1980, Wiesel fue nombrado presidente del Consejo Estadounidense del Monumento al Holocausto por el entonces presidente Jimmy Carter (a su vez, también miembro del Council on Foreign Relations y de la Trilateral Commission de David Rockefeller, Zbigniew Brzezinski, Henry Kissinger y Maurice Greenberg, entre muchos otros poderosos). www.eliewieselfoundation.org

3 Recordamos al lector que en 1935, Alemania sancionó legislación que severamente coartó las libertades individuales de los judíos en aquél país, prohibiéndoseles ocupar cargos públicos y ejercer diversas profesiones, aunque se les permitió ejercer sus actividades comerciales. Resulta notable señalar que aquella legislación – las conocidas “Leyes de Nuremberg” de Septiembre 1935 – se basaron, entre otros antecedentes, sobre la legislación y las constituciones estatales racistas de los Estados norteamericanos de Louisiana, Alabama, Mississippi, Georgia, Carolina del Sur y Arkansas, y también en las leyes del Apartheid que regían en la británica Sud Africa, que desde hacía décadas dejaron sin derechos civiles a los pobladores negros, reduciéndolos a un estado de cuasi-esclavitud que habría de perdurar décadas después de que la Alemania nacionalsocialista fuera derrotada por los democráticos norteamericanos e ingleses. Las vueltas de la historia…

4 Para un análisis más profundo, ver del autor “Bienvenidos a la Jungla: Dominio y Supervivencia en el Nuevo Orden Mundial” (Ediciones Anábasis, Córdoba, 2005, 252 pags), particularmente su Cap. VI sobre el tema del “Sionismo”

5 Citado por “La Nación” de Buenos Aires, 09-Dic-05, artículo “Irán desata otra polémica mundial: propone mudar Israel a Europa”. También “El País” de Madrid de misma fecha, artículo “El presidente de Irán propone que Alemania y Austria acojan a Israel”

6 En el caso específico de nuestro país, reciente información proveniente del entorno del ex-presidente de Francia, Francois Mitterrand, jefe de Estado francés durante la Guerra de Malvinas, da cuenta de que la primer ministra Margaret Thatcher consideró la opción de lanzar una bomba atómica sobre la ciudad argentina de Córdoba (segunda ciudad más importante de nuestro país), si la suerte de sus armas le fuera adversa en la contienda anglo-argentina que en esos momentos del año 1982 se desarrollaba en las frías aguas del Atlántico Sur en torno a nuestras Islas Malvinas. Claramente, no son las potenciales armas nucleares iraníes las que deben preocupar a los argentinos, sino las reales armas nucleares británicas.